perro famoso después de muerto

Publicado en febrero 5, 2006 por

4


Pensilvania, Estados Unidos. ¿Por qué este perro y no otros? ¿Por qué ha pasado el libro ‘Marley & Me’, la historia de un perro cobrador amarillo excesivamente amistoso, salvajemente activo, altamente disfuncional, en la lista de bestsellers, llegando a ser el número 2 de la lista de libros documentales del New York Times los últimos tres meses?

“Estaba seguro de que el libro tendría éxito, pero no esperaba que fuera tanto”, dijo John Grogan, el autor y dueño de Marley, en su enorme casa de ladrillos rodeada de cultivos y bosques en el campo de Pensilvania. Hasta el momento, ‘Marley & Me’, publicado por William Morrow en noviembre, ha vendido cerca de medio millón de ejemplares. Va en su vigésima edición, con 870 mil libros impresos, dijo su editor.
Como saben los lectores del libro, Marley murió, pero, dijo Grogan, columnista de The Philadelphia Inquirer, “el fantasma de Marly está en todas partes”.
“Aquí, aquí lo encerrábamos”, dijo, abriendo la puerta del sótano. Señaló hacia el sitio en la pared donde Marley había clavado sus garras y mordisqueado en el marco de la puerta tratando de escapar. “De la madera del marco de la puerta no quedaba prácticamente nada”, dijo Grogan. (“Era repugnante a la hora de saludar a los invitados”, explicó más tarde. “Por nuestros amigos, a menos que fueran muy, pero muy buenos amigos, lo encerrábamos aquí para que no los baboseara”.
Luego fue hacia otro sitio son donde Marley había arañado en el estuco y mordisqueado la madera del rincón. “Le puse arena, la rellené con masilla y la pinté”, dijo.
Marley era, de cierto modo, un perro que quería demasiado. Se lastimaría a sí mismo corriendo a través de los biombos para llegar hasta Grogan o su esposa, Jenny Vogt. Cuando lo encerraron en una jaula para perros de metal, separó los barrotes de acero.
“Parecía que lo hubieran hecho mandíbulas mecánicas”, dijo Grogan. Marley lanzaba babas a los invitados. Le robaba a la señora Vogt su ropa interior. Le comía las joyas. Las tormentas le causaban ataques de ansiedad, y entonces se hacía camino mordiendo a través de cosas, colchones, el sofá.
Pero ‘Marley & Me’ no es solamente un libro sobre un perro. De hecho, es una historia de amor, de Grogan y su esposa, una joven pareja que contemplaba fundar una familia.
“Éramos jóvenes”, empieza el libro, irresistible. “Estábamos enamorados”. La señora Vogt estaba nerviosa con la idea de criar a un bebé y pensó que tener un perro sería una buena práctica”, escribe Grogan. Un criador le ofreció un cachorro, con descuento. “El pequeño está en liquidación”, suplicó Jenny a su marido, mientras Marley daba volteretas en sus regazos, mordía sus dedos y se hacía camino arañando para lamer sus caras.
En su reseña del libro en New York Times, Janet Maslin lo llamó “una divertidísima tarjeta de San Valentín para todos esos cuadrúpedos ‘grandes, bobos, torpes, juguetones, que aman la vida con una pasión rara en este mundo”.
“Es un libro de un atractivo intenso, pero estrecho”, continúa, “estrictamente limitado a los que han tenido o conocido a un perro, o querido uno’”.
El libro sigue a la pareja en sus esfuerzos por tener un bebé. Cuando Jenny sufre un aborto, Marley parecía llorar con ella.
“Llevaba la cola apretada entre las patas”, escribe Grogan, “la primera vez que recuerdo que no la estaba meneando cuando tocaba a uno de nosotros. La miraba a ella, y se quejaba suavemente”.
Cuando llegaron sus tres hijos, se convirtió en su guardián, lamiendo delicadamente sus caras y orejas, dejándoles que gatearan sobre él. El problema, escribe Grogan, no era impedir que Marley lastimara a uno de los bebés, sino mantenerlo alejado del cubo de los pañales.
Tras su muerte en 2003, Grogan escribió una columna sobre él para The Inquirer y se asombró al recibir 800 reacciones de otros dueños de perros. Pensó que la historia de Marley podría servir para un libro y escribió una propuesta; vendió a Morrow el manuscrito final por 200 mil dólares.
Lisa Gallagher, la editora de William Morrow, dijo que empezó a sospechar que el libro se vendería bien cuando vio que sus empleados se lo prestaban entre ellos. Morrow imprimió casi seis mil ejemplares de promoción y los envió a las librerías. También regaló ejemplares en la última Feria del Libro de Estados Unidos, en junio, en Nueva York. En un reconocimiento de las cualidades lacrimógenas del libro, la editorial distribuyó pañuelos impresos con la imagen de Marley en una feria del libro regional; también envió a tiendas, comida para perro en cajas impresas con el título del libro.
Dan Mayer, que compra libros sobre mascotas para Barnes & Noble, estaba entusiasta con el libro porque, dijo, “es como una memoria”. Y además hay que tomar en cuenta la cubierta del libro, una fotografía de Marley cuando era cachorro, mirando seductoramente al lector. “Es realmente difícil pasarlo por alto y no querer echarle un vistazo”, dijo Mayer. Barnes & Noble eligió ‘Marley’ para su programa Discover, que se gana espacio de exhibición prominente en las tiendas de la compañía y en su sitio en la red, reseñas en folletos y a menudo prioridad en publicidad y charlas de escritores.
Por supuesto, una gran parte del atractivo del libro es que Marley era un perro muy, muy malo. Y el libro es una lección en amor incondicional. Los Grogan trataron con la escuela de obediencia, pero lo expulsaron. Lo enviaron de nuevo, y esta vez terminó séptimo en una clase de ocho. El perro detrás de él era “un pit bull psicópata”, escribe Grogan. Marley se comió su propio certificado de obediencia.
En estos días Marley yace enterrado en una tumba sin lápida al borde del bosque. Los Grogan tienen ahora una sucesora, Gracie, que tiene 18 meses. Es una cobradora, y como todos ellos es exuberante y fogosa.
“Pero lo que tiene, es lo que Marley no tenía”, dijo Grogan. “La capacidad de tranquilizarse”.
“La llamamos la anti-Marley”, dijo Grogan.
[Dinitia Smith]
26 de enero de 2006

©new york times
©traducción mQh

Etiquetado:
Posted in: Uncategorized