El Novio de la Rubia (décimas)

Posted on septiembre 26, 2006 por

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Collarín, el novio de la Rubia, fue envenenado y llegó a morir a casa de los redactores de este blog, como contamos en este video. Claudio Lisperguer escribió estas décimas a propósito de su muerte.

El Novio de la Rubia

A la vuelta de Necochea
vivía una perra rubia,
ni chica, ni grande, seria,
que temía a la correa,
y abandonada por fea.
Jamás el rabo movía,
parecía que nada comía.
No tenía buen ladrar,
no se dejaba tocar.
Hosca en el monte vivía.

Tal parece sus dueños
la quisieron desdichar
y no se dejaba tocar.
Si se acercaba un extraño
se alejaba con amaño.
Dos piadosos vecinos,
conociendo su destino
la invitaron a comer
los días al atardecer
costillares e intestinos.

Al cabo de cierto tiempo
se apareció con un novio.
Y como oliera a casorio
aumentaron el cocimiento
los vecinos deste cuento.
Era un chucho guapetón
blanco, negro y marrón;
de buen andar, sosegado,
maduro, experimentado.
Para nada fanfarrón.

A menudo al atardecer,
paseaban por Gran Bretaña,
persiguiendo las arañas,
con el vecino Manuel
y su esposa la Isabel.
Por la noche se guarecían,
o salían de correrías
por la calle de Argomedo
y el mirador de remedo
que por la esquina yacía.

Entonces llamó la historia
y a las fiestas de septiembre
bueno vino pa curtiembre:
flaco, chupado, una escoria,
el Collarín de la novia.
Tal parece envenenado,
y sin saber el condenado
quién lo quiso eliminar,
a una casa quiso entrar
a morir más sosegado.

La Rubia también pasó.
En el zaguán acurrucada,
miraba triste, asombrada,
al chucho que la preñó
con apaños de rococó.
Al despuntar el día
cedió al fin su porfía.
Miró por última vez
el mundo en su redondez,
y partió por su romería.

Yace ahora en la ladera
de Pacífico frente al mar
donde le fueron a arrojar
a un lado e la costanera
sus amigos de a de veras:
José, Ángela, Gregorio,
todos amigos del novio,
pasando las Torpederas,
enfrente de la cantera,
poco después del velorio.

Diz los vecinos del barrio
que quien lo quiso matar,
un mal parido del arrabal,
mala sangre y patibulario,
es también del vecindario.
De la Rubia de Waddington
diz se enamoró un matón.
Ruin, cobarde y artero,
azote de gatos, carteros,
con la anuncia de su patrón.

Y un día muy desdichado
en presencia de la opinión,
se fue su perro de tarascón,
por arrogante y osado,
que le dio el chucho mentado.
Dice la gente ese encuentro
sacó a su perro del centro,
hiriendo en su mal honor
al vecino, y lleno e rencor,
entonces lo quiso muerto.

A pesar de la religión
en los cerros de Playa Ancha
queda la Tierra con mancha.
Aquí son los perros legión,
a mucho honor y razón.
No hay ley que dé permiso,
do chuchos hay en el friso,
deshacer lo que tata Dios
para este mundo nos dio.
Menos en Valparaíso.

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