ese perro es mío

Posted on septiembre 3, 2007 por

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[Nueva Orleans, Estados Unidos] Uno de los miles de canes desplazados por el huracán Katrina cae atrapado en una guerra a larga distancia entre su dueño y su rescatista. Kara Keyes compró el pit-bull blanco y negro cuando era un cachorro hace cinco años, como un regalo del Día de los Enamorados para su marido. Pero la perra -llamada Crown [Corona] por la marca en forma de C de su cabeza- pronto adoraba a Keyes.
Cuando Keyes se sentaba en el porche de su casa de Nueva Orleans, la perra se colocaba entre sus pies y ponía su cabeza en el regazo de Keyes.
“Si me muevo, Crown se mueve”, dijo Keyes. “Si paro, Crown se para”.
Otros perros llegaron y se fueron, pero Crown, como dijo Keyes, fue “mi primer bebé”.
Keyes no esteriliza ni castra a sus animales. “No quiero que nadie me esterilice”, dijo, a modo de explicación. En 2004, Crown parió una camada de ocho y Keyes y su marido, Ronald, operador de montacargas, presidieron el parto en su modesta casa en Seventh Ward.
“Ya sé que no soy médico, y él tampoco, pero ese día lo fuimos”, dijo Keyes, que trabaja como cerrajera en el Centro Médico de Luisiana en Nueva Orleans. “Los tuvo en la casa. Una bonita camada…”
Tres años después de que Crown llegara a sus vidas, llegó el huracán Katrina, y Keyes y su marido no pudieron obtener permiso para volver a casa durante varias semanas. Evacuados a Houston, supieron de Crown por un vecino que les contó que había visto a un pit bull sentado en el porche. Esperando.
Entretanto, Pia Salk, una psicóloga clínica de Santa Monica, fue uno de las decenas de voluntarios que recorrieron las calles inundadas de Nueva Orleans rescatando a animales en dificultades por el huracán. A mediados de septiembre de 2005, vio a un flaco pit bull frente a una casa evacuada en el Seventh Ward. Este perro no tenía nada de asustadizo ni de feroz.
“Cuando la rescaté, pasó junto a la comida y se apretó contra mí”, recordó Salk.
El pit bull tenía orejas recortadas -una intervención que muchos veterinarios desaconsejan y algunos rescatistas consideran cruel- y estaba enfermo, dijo Salk. Ingresó al perro a un refugio animal temporal improvisado en el enorme Lamar-Dixon Expo Center, en Gonzales, a unos ochenta kilómetros al oeste de Nueva Orleans. Salk escribió su nombre y números de teléfono en el canil del perro, pidiendo que se le informase sobre su destino.
Salk siguió visitando Nueva Orleans durante el otoño, pero estaba nuevamente en Santa Monica cuando recibió una llamada de un voluntario que había adoptado a varios perros rescatados en el refugio Lamar-Dixon y los llevó a Albuquerque. El enfermizo pit bull estaba entre ellos.
“Me dije: ‘¿Por qué no la adopto yo?'”, dijo Salk.
La cuidó durante su dirofilariosis canina y la esterilizó. Se mudó a un apartamento con acceso a un patio para sus crías caninas, entre ellos un Labrador retriever que se había asilvestrado; Luna, también rescatada de Nueva Orleans. Al pit bull lo llamó Sweetie y la llevó con ella a su terapia con niños en riesgo.
“Yo sabía que lo adoptaría”, dijo Salk. “Pensé que si se aparecía alguien, me llamarían”.

La llamaron finalmente esta primavera.
Un grupo de voluntarios dedicados a reunir a las mascotas con las víctimas de Katrina -incluso meses después del huracán- tomaron contacto con Kara Keyes y Pia Salk para informarles que la rescatada Sweetie era la extraviada Crown.
Pero lo que debía haber sido un final feliz se ha convertido en una guerra por la custodia en todo el país y un choque cultural sobre las obligaciones de los dueños de perros y rescatistas. Las opiniones de Seventh Ward y Santa Monica no podían ser más contradictorias.
Salk se negó a entregar a Sweetie.
Se niega a reconocer que Crown y Sweetie sean el mismo perro -aunque Sweetie fue rescatada frente a la casa de Keyes. Pero, agregó, “si confirmara que es el mismo perro, tampoco lo devolvería a una familia donde sé que no estará segura”.
Salk dice -basándose en una conversación telefónica con Keyes- que la mujer de Nueva Orleans no sabe cómo tratar la dirofilariosis canina. Y cuando Salk quiso volar a Nueva Orleans para visitar a los Keyes antes de decidir si renunciar al perro, los Keyes rechazaron la visita.
Para Keyes y los voluntarios de rescate animal que la ayudaron, las afirmaciones de Salk son escandalosas, para no decir condescendientes.
“No me puedes juzgar por cómo me gano la vida”, dijo Keyes en una conferencia telefónica desde Nueva Orleans. “Crown es mía. Es mi bebé”.
Keyes y Salk no son las única embrolladas en este tipo de disputa. La Sociedad para la Prevención de la Crueldad con los Animales, de Luisiana [SPCA], con sede en Nueva Orleans, estima que unos cien mil animales fueron abandonados cuando sus dueños huyeron del huracán Katrina y Rita hace dos años, muchos de ellos porque no los pudieron subir a lanchas de rescate o autobuses.
Finalmente, más de quince mil mascotas fueron rescatadas. unas 8.500 de ellas pararon en el refugio Lamar-Dixon. Desde allá los animales fueron inscritos y enviados a diversos refugios en todo el país -los que, a su vez, los dieron en adopción de varias familias. Menos de tres mil mascotas rescatadas han sido reunidas con sus dueños.
Aunque la mayoría de los vecinos de Nueva Orleans que localizaron a sus mascotas las recuperaron o accedieron a que sus tutores se las quedaran, algunos chocaron contra tanta resistencia que decidieron hacer una demanda por la tutoría. Han entablado un pleito con los nuevos dueños en Texas, Florida, Pensilvania y Luisiana.
Keyes conservado a su abogado de la Bay Area. Salk ofreció pagar mil dólares por Sweetie, dos veces más de lo que pagó Keyes originalmente. “No”, dijo Keyes. “El amor que tengo por Crown no se puede traducir en dinero… Si yo tuviera algo de ella [de la otra dueña], se lo entregaría. Se trata de qué está bien y qué está mal”.
Su abogado, John Ingle, dijo que piensa enviar una carta a Salk esta semana exigiéndole que devuelva al perro; si no, presentará una demanda en Los Angeles para que “devuelva al perro y pague los perjuicios que permita la ley”.
En el tribunal, dijo el abogado, Salk tendrá no solamente que probar que ella será una buena tutora, sino además que los Keyes no están calificados para conservar su perro. “En la mayoría de los estados tienes que tener antecedentes realmente malos para que te descalifiquen como dueño de un perro”, dijo.
En los días posteriores al paso de los huracanes Katrina y Rita decenas de amigos de los animales bajaron a Nueva Orleans a ayudar a las mascotas varadas. Muchos rescatistas simplemente se acercaron para ser enviados como soldados del refugio Lamar-Dixon, una operación dirigida principalmente por la SPCA de Luisiana, la Sociedad Protectora de Animales de Estados Unidos y la Sociedad para la Prevención de la Crueldad con los Animales.
Después de que el refugio Lamar-Dixon fuera desmantelado en octubre de 2005, grupos ad hoc de voluntarios se quedaron, insistiendo en que todavía había cientos de animales que alimentar y guarecer. Salk ayudó a fundar un grupo llamado Rescate Animal de Nueva Orleans. En febrero de 2006 fue traspasado a un grupo de voluntarios de Nueva Orleans, que continúan gestionándola.
“Nadie pone en duda que estos animales estén vivos hoy debido a esos esfuerzos”, dijo el subministro de Justicia de Luisiana, Mimi Hunley, que facilita los reencuentros entre mascotas y dueños. Pero algunos en la comunidad del bienestar animal dicen que algunos rescatistas llevaron la protección animal demasiado lejos.
Charlotte Bass Lilly, que ahora dirige Rescate Animal de Nueva Orleans, dijo: “Vi a rescatadores que dijeron: ‘No voy a devolver esos animales a esa casa’. Yo le dije: ‘Te pongo fuera de mi grupo’. Le dije: ‘Cuando volvamos, tú no volverás con nosotros'”.
La mayoría de los rescatistas que fueron a Nueva Orleans adoptaron un tipo de ética del bienestar animal urbano: Las mascotas deben llevar un microchip y collar y no deben andar nunca sin correa en la calle. La esterilización y la castración son obligatorias. Todo indicio de algún achaque debe ser tratado inmediatamente.
Los rescatistas estaban consternados de la cantidad de animales en Nueva Orleans que no habían sido esterilizados y sufrían de parásitos. Algunos de los pit bulls que encontraron tenían marcas de cortes faciales, un signo de que habían sido usados para peleas de perros, que son ilegales en todos los estados.
Bass Lilly dijo que en Luisiana -y no solamente en las zonas obreras- las técnicas de crianza de animales se basan en una tradición más rural.
“Odio decirlo, pero aquí hay una especie de mentalidad de plantación”, dijo Bass Lilly. Está muy enraizado en tradiciones y hábitos”. Los perros visitan sin collar a los vecinos: “Sales detrás de él, le silbas, y el perro vuelve”, dijo Bass Lilly.
Los dueños de mascotas no siempre aceptan la esterilización. “No podría decirte cuántas familias de buenos ingresos me han dicho que querían que sus hijos tuvieran la experiencia de ver nacer a una camada”, dijo.
El recorte de las orejas es simplemente una moda en los distritos más pobres, donde se aprecia a los perros de aspecto agresivo, dijo Susan Eddlestone, profesora en la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Luisiana.
Pero gran parte de la reluctancia a la esterilización o al análisis de parásitos, cree, tiene que ver con opiniones anticuadas y presupuestos limitados.
“Son aéreas donde la gente no tiene dinero para colocar a sus animales en prevención de parásitos y esterilizarlos”, dijo Eddlestone, que se crió en Luisiana.
Aunque la presencia de mosquitos durante todo el año -que transmiten a los parásitos- quiere decir que los perros deben ser controlados por el parásito, en realidad toma dos años para que se manifieste la enfermedad.
“La gente del norte piensa que es un abuso de los animales tener un perro con parásitos y no tenerlo en tratamiento”, dijo Eddlestone. “Bueno, la gente ni lo sabía. El perro no se estaba comportando como enfermo”.
Eddlestone ayudó en el refugio de emergencia animal del estado de Luisiana en Baton Rouge, que recogió dos animales de la gente que huía de las tormentas.
“El lazo humano-animal no pudo ser mejor ejemplificado que con Katrina”, dijo Eddlestone. “Murió gente porque no pudieron sacar a su perro del tejado”. Pero las diferencias culturales aumentaron las tensiones entre los rescatistas -la mayoría de ellos blancos y de clase media- y muchos de los evacuados -la mayoría negros y de clase trabajadora- que fueron obligados a marcharse sin sus mascotas.
Salk es la sobrina de Jonas Salk, el inventor de la vacuna contra la polio, y la hija de Lee Salk, el difunto psicólogo y popular autor.

Keyes nació y se crió en Nueva Orleans y vive a apenas tres kilómetros de su madre, con la que tiene una relación estrecha. A los diecinueve, Keyes empezó a trabajar como carpintero. Hace tres años aceptó el cargo de cerrajera en el Centro Médico de Luisiana.
Las dos mujeres tienen un par de cosas en común: Las dos están en los treinta (Salk tiene 39; Keyes, 30) y las dos adoran a sus numerosos perros. Salk habló sobre ese afecto en una de sus escasas conversaciones telefónicas con Keyes.
“Le dije: ‘Las dos son mamás de cierto modo'”, dijo Salk. “Le dije: ‘Por favor, se sensible. Yo también he querido a este perro… Ella siguió repitiendo: ‘No, quiero que me devuelvas a mi bebé'”.
Salk consideró renunciar a Sweetie en abril. Su Labrador, Luna, atacó al pit bull un par de veces. Asustada por las peleas, Salk contrató a un adiestrador. “Ahora han vuelto a ser buenos amigos”, dijo.
Salk también se inquieta porque Sweetie tiene problemas de agresión y no se adaptaría bien en la casa de Keyes -que ahora ha sido repoblada con otros perros.
“¿Y devolverla a un criador en un país donde matamos a miles de perros?”, dijo Salk, refiriéndose a que Keyes vendió los cachorros de la camada de Crown así como los cachorros de otro perro.
Keyes dice que Crown estaba bien alimentada, jugaba en el patio y se llevaba bien con otros perros. Dice que Crown no sufría de parásitos de corazón y que ella y su marido estaban tratando de Crown por gusanos intestinales con instrucciones de su veterinario. Y Keyes dijo que le contrariaba encontrar preñada a su nuevo pit bull. “No es que yo haya estado criando perros”, dijo, tristemente. “Pero no puedo estar en todas partes”.
Keyes reconoció que a Crown un técnico veterinario le recortó las orejas chapuceramente -“este tipo que recorta las orejas de todos los que tienen pit bulls en Nueva Orleans”- y dijo que su pit bull actual no tiene las orejas recortadas.
“Algunos de nosotros aquí en Nueva Orleans tenemos mala reputación con los pit bulls”, dijo Keyes. “Alguna gente aquí tiene perros de pelea y todo eso. No me gusta. Puedes ver el tipo de perros que he criado.
“Le dije: ‘Pia, si fuera agresiva ni siquiera te podrías acercar a ella'”.
Cuando Keyes y su marido volvieron a su casa el 12 de octubre de 2005, la escena era sombría. Encontraron un esqueleto de un perro pequeño fuera y un perro muerto, dentro. No había trazas de Blue -un pit bull de un amigo que ella estaba cuidando- o Crown.
Keyes no buscó a los perros. “Había tanta confusión en esa época que no sabría dónde empezar”, dijo.
Pero los voluntarios lo investigaron. La mayoría de los animales que pasaron por el refugio Lamar-Dixon fueron fotografiados y subidos a la página web
http://www.petfinder.com El sitio indica dónde fueron rescatados los perros y a qué refugios fueron trasladados.
En la primavera de 2006, un miembro del Equipo de Reunificación Animal Katrina, tratando de conectarse con vecinos del Seventh Ward con sus perros rescatados, dio con la entrada de Petfinder de un pit bull rescatado frente a la casa de Kara Keyes.
El rescatista que trabajaba en el área dejó un volante con la foto del perro en la puerta de la casa de Keyes. Si era su perro, decía el volante, debía llamar a Christiane Biagi, del Equipo de Reunificación.
Horas después Biagi recibió una llamada telefónica de una eufórica Kara Keyes.
Desgraciadamente, la identificación de Petfinder decía que el perro había sido trasladado a Marin Humane, en la Bay Area. El grupo de Biagi llamó a Marin Humane a nombre de Keyes, y le dijeron que el perro no había llegado nunca a su centro.
Irónicamente fue Salk la que llevó a los voluntarios a hacer la conexión final.
En abril, mientras Salk se las veía con las peleas entre Sweetie y Luna, envió varios e-mails a los rescatistas, incluyendo a Laura Bergerol.
“Estoy escribiendo con tristeza porque ha quedado claro que tenemos que encontrar un hogar para Sweetie, verdaderamente el perro más dulce del mundo”, empezaba el mensaje.
Bergerol, una fotógrafo profesional de Palo Alto que también fue voluntaria como rescatista en Nueva Orleans, había fotografiado a Salk y Sweetie en Los Angeles en el verano de 2006.
Bergerol también ayuda a reunificar a víctimas de Katrina con sus mascotas perdidas, y ella respondió por e-mail. “Le dije: ‘Pia, déjame ver si puedo encontrar al dueño original del perro'”.
Bergerol envió fotos de Salk y de Sweetie a un miembro del Equipo de Reunificación Animal Katrina, que rápidamente comparó la foto de Sweetie con la foto de Petfinder del pit bull rescatado frente a la casa de Keyes. El detective voluntario llamó a Biagi.
“Oh, Dios mío, esa es Crown”, dijo Biagi. Una razón de porqué estaban tan seguros eran las marcas distintivas en la cabeza del perro en las dos fotos.
Bergerol informó del hallazgo por e-mail a Salk. Salk estaba lívida.
“Me tomó un tiempo ponerme a la defensiva”, dijo Salk. “Me decían cosas como: ‘Kara todavía quiere al perro…’ Yo les dije: ‘No la conozco. No sé quién es’. Quiero decir, este es el perro con el que he dormido en el suelo durante dos años”.
“No creo que sea una mala mujer”, agregó Salk. “Todo el mundo estaba fastidiado con el huracán”.
Nadie lo sabe mejor que Keyes.
“¿Sabes qué?”, preguntó. “Agradezco mucho a Pia todo lo que hizo. Cuando volvió Crown, iba a conseguir su dirección y enviarle cuatro docenas de rosas para mostrarle mi aprecio. Me hirió mucho cuando dijo: ‘No te la voy a devolver'”.
[Carla Hall]
[carla.hall@latimes.com]
[2 de septiembre de 2007]
[26 de agosto de 2007]
los angeles times]
[viene de mQh]

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