hospitales para perros con pasta

Posted on marzo 15, 2008 por

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[Nueva York, Estados Unidos] [Clínicas veterinarias compiten por ser las mejores y ganarse la lealtad de clientes con bolsillos profundos]. Lea el reportaje sobre clínicas veterinarias de Nueva York en el New York Times.

Clínicas Veterinarias Compiten por Ser las Mejores.
Cuando su San Bernardo de seis años desarrolló un tumor, Seth Weinstein se dio cuenta de inmediato. Promotor inmobiliario soltero de toda la vida, viaja a todas partes con su perro de 63 kilos, desde sus lugares de trabajo hasta su casa en Stamford, Connecticut, y su pied-à-terre en Central Park West.
Un veterinario del Upper West Side le dio malas noticias al señor Weinstein -los rayos equis mostraban lo que era probablemente un tumor en la pata izquierda de Molly, lo que quería decir que quizás tendrían que amputársela. El veterinario le presentó a Weinstein dos opciones de clínicas veterinarias con los mejores especialistas en la ciudad.
Conocía uno, el Centro Médico Animal en la Calle 62 Este, largamente reconocida por sus revolucionarios tratamientos y su gala benéfica Top Dog anual a la que asiste la alta sociedad de Manhattan. En una velada, Barbara Walters contó que Brooke Astor, un miembro honorario, le dijo una frase que llegaría ser famosa: “Si me pongo malo, llévame al Centro Médico Animal”.
Weinstein había llevado antes a otro San Bernardo suyo al Centro Médico Animal, donde, dijo, el perro recibió una excelente atención -aunque ligeramente impersonal. Pero le intrigaba la segunda opción: NYC Veterinary Specialists, una clínica sin fines de lucro que abrió sus puertas el otoño pasado en la Calle 55 Oeste.
“Tan pronto como entré”, dijo Weinstein, “me pareció fantástico. Era limpio. Podías llegar con el coche hasta la puerta misma, y el recepcionista era simpático”.
Los médicos hicieron una innovadora operación en Molly, cercenando la sección comprometida por el tumor e injertándole otro hueso en su lugar, salvando la pata y, según todo indica hasta el momento, eliminando el cáncer.
La elección de clínica del señor Weinsten le costó al Centro Médico Animal los 25 mil dólares que gastó en la atención de Molly y la posibilidad de permitir que sus médicos internistas aprendieran con un fascinante caso.
Se ha puesto todo el mundo a gruñir, y es que ha llegado un nuevo jugador a Nueva York, una ciudad mucho más obsesionada que las demás con sus mascotas y dispuesta a gastar generosamente en ellas. Aunque no es una pelea de gatos y perros la que ha estallado entre el bien establecido Centro Médico Animal de 97 años y los cachorros de NYC Veterinary Specialists, los veterinarios de la ciudad dicen que los dos están usando todas las armas de sus arsenales para ser considerados los mejores especialistas en cuanto a cuidados animales avanzados, y a menudo caros.
A nivel nacional, los gastos en atención veterinaria quizá lleguen a los 9.8 billones de dólares en 2007, de los 7.2 billones de dólares de hace cinco años, de acuerdo a la Asociación Americana de Fabricantes de Productos para Mascotas. Un estudio dado a conocer el mes pasado por el grupo constató que el 47 por ciento de los dueños de perros dicen que sus mascotas duermen en la cama de algún miembro de la familia.
“El vínculo que tiene la gente con sus mascotas está creciendo de manera exponencial, la cercanía que sienten los lleva a considerarlos como miembros de la familia”, dice el doctor Thomas Carpenter, presidente de la Asociación Americana de Hospitales Animales.

Los neoyorquinos compraron más nuevos seguros médicos de mascotas el año pasado que los habitantes de todos los otros estados, a excepción de California, de acuerdo a VPI Pet Insurance, una importante compañía aseguradora. Las pólizas cubren no solamente la atención de rutina sino también los elevados costes de los especialistas que proporcionan niveles casi humanos de medicina de todo tipo, desde neurocirugía hasta radioterapias para combatir el cáncer.
En ningún otro lugar es la competencia por dueños de perros de bolsillos profundos más evidente que en los principales hospitales de la ciudad. NYC Veterinary Specialists publicita su acelerador lineal para radioterapias de 1.25 millones de dólares y alardea de su M.R.I. de 750 mil dólares y su máquina escáner CT de 350 mil dólares. Al otro lado de la ciudad, el Centro Médico Animal dice que instalará su propio acelerador lineal y actualizará su M.R.I. También alardea de su clínica de hemodiálisis para mascotas con enfermedades renales y una nueva clínica de rehabilitación de 300 mil dólares con una caminadora submarina.
Los dos hospitales no trepidan en dejar caer los nombres de clientes famosos que aumentan su atractivo. Poco antes de Navidad el año pasado, el Labrador rubio de Steve Martin, Wally, engulló chocolates y su veterinario de cabecera le recomendó que llevara al perro a NYC Veterinary Specialists, dijo David Gersholowitz, administrador del hospital. El veterinario que lo atendió lo hizo vomitar y al día siguiente Wally estaba de vuelta en casa. La cuenta fue de 935 dólares.
La semana pasada durante un recorrido del Centro Médico Animal, Wendy Gallart, director de comercialización y comunicaciones, dirigió la atención de los visitantes hacia Tappy Phillips, periodista de WABC-TV, que estaba en la sala de espera con un caniche. “Es una cliente habitual”, dijo Gallart.
En las ajetreadas plantas superiores, un veterinario en el departamento de animales exóticos estaba tomando una muestra de sangre a una chinchilla con una enfermedad renal, un ortopedista esta examinando la pata coja de un pastor alemán llamado Gunner, que pertenece a la unidad canina del Departamento Penitenciario de la ciudad, y unas enfermeras estaban preparando para someter a rayos equis a un gato que maullaba ruidosamente.

Pese a la reputación del Centro Médico Veterinario -llamado a veces la Clínica Mayo de la medicina veterinaria- como una organización sin fines de lucro, en los últimos años se ha mostrado demasiado autocomplaciente, y, según dicen algunos profesionales del cuidado animal, eso ha abierto las puertas a la competencia.
Aprovechando la oportunidad, NYC Veterinary Specialists han estado el último año tratando de cortejar a los veterinarios generales, con el objetivo de que les envíen a ellos a las mascotas de sus clientes. “A veces pasan a saludar”, dijo el doctor Steven Kasanofsky, director del Hospital Animal Riverside en la Calle 108 Oeste. “El dermatólogo de allá invitó a almorzar a todos mis doctores y les detalló qué era lo que les ofrecían”.
El estrecho edificio de nueve plantas del Centro Médico Animal, construido a principios de los años sesenta, tiene el desafortunado carácter inhóspito que da la iluminación artificial a muchas estructuras de esa época. Las salas de espera son demasiado formales y los ajetreados pasillos bullen con decenas de médicos y enfermeras que se esquivan mientras se trasladan de una sala de reconocimiento a otra.
En contraste, la mayoría de los visitantes humanos de NYC Veterinary Specialists, un edificio de dos plantas de mil ochocientos metros cuadrados, esperan en una sala asoleada en planta baja con enormes ventanales. Abajo, la planta de tratamiento es un enorme espacio abierto con algunas puertas.
“El Centro Médico Animal fue el primero y el único, hasta que se abrió este lugar”, dijo el doctor Lewis Berman, cuya consulta veterinaria, el Hospital Animal Park East, abrió sus puertas en 1961.
Berman dice que el Centro Médico Animal se ha ganado a veces la hostilidad de los clientes al obligar a los dueños de mascotas a esperar durante horas en emergencias nocturnas, y por no proporcionar a los veterinarios asociados con actualizaciones pertinentes. Todavía peor, en su opinión, es que el centro médico roba clientes a los veterinarios asociados porque, además de especialistas, ofrece servicios generales como chequeos e inyecciones antirrábicas.
“La gente que empezó con este nuevo centro”, dijo Berman, “vieron en el mercado neoyorquino una inmensa descontento con el Centro Médico Animal, no solamente entre dueños de mascotas sino también entre los veterinarios de la ciudad”.
La doctora Jill Elliot, una veterinaria que trabaja en Hospital Animal Heart of Chelsea, dijo que había estado enviando clientes a NYC Veterinary Specialists porque en el Centro Médico Animal es probable que las mascotas sean vistas primeros por internistas; un nuevo grupo de internistas empezará a trabajar en el hospital en junio.
“Si vas en julio, te tocará alguien que viene saliendo de la facultad”, dijo Elliot.
El doctor Jeffrey S. Klausner, el recientemente contratado director general del Centro Médico Animal, ha oído las quejas sobre el servicio y ha prometido mejorar la situación. “Será una prioridad”, dijo Klausner, que fue reclutado en la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Minnesota donde, dijo, sus iniciativas triplicaron el número de pacientes y duplicaron las donaciones privadas.

Ninguno de los entrevistados dijo nada negativo sobre la calidad del personal médico del Centro Médico Animal, o sobre su importancia como un hospital de investigación y formación. Muchos de los principales veterinarios de la ciudad se formaron en el centro médico, que tiene cincuenta mil mascotas de visita al año. En marzo, el Departamento de Agricultura aprobó de modo condicional una vacuna para tratar la melanoma canina, una forma común y terminal de cáncer, que fue desarrollada por una asociación entre el Centro Médico Animal, el Centro Oncológico Sloan-Kettering y Merial, una compañía farmacéutica animal.
Un reto para Klausner será conservar la posición del Centro Médico Animal en la jerarquía de los favoritos. Su patronato incluye a Nancy Kissiner, Annette de la Renta e Iris Love. Según las declaraciones de impuestos disponibles más recientes, el centro recibió en 2005 unos trece millones de dólares en donaciones.
En su oficina, Klausner estaba sentado a su escritorio con el libro ‘Good to Great and the Social Sectors’, y el chiflado personaje de los teleñecos, el Asistente Probeta [Beaker], mirando desde el anaquel de una ventana.
Defendió el uso que hace de internistas el centro médico para tratar a mascotas enfermas -28 de los 98 veterinarios son internistas- debido a que es un hospital clínico, que también provee de personal a sus competidores. “NYC Veterinary Specialists tiene que tener especialistas”, dijo Klausner. “Bueno, y tienen que aprender en alguna parte”.
El nuevo hospital es el resultado de conversaciones que empezaron en 2003 entre  un grupo de veterinarios de la ciudad sobre la necesidad de ofrecer una alternativa al Centro Médico Animal. Se pusieron en contacto con el doctor Neil Shaw, que fundó el Centro de Especialistas Veterinarios y de Tratamiento para el Cáncer Florida, en Tampa, que dice que es la práctica veterinaria privada más grande del sudeste del país.
Shaw abrió NYC Veterinary Specialists con algunos veterinarios de Nueva York como inversionistas minoritarios. “Nuestro principal interés es proporcionar servicios clínicos junto con veterinarios de la región para los dueños de mascotas de Nueva York”, dijo Shaw.
Ha estado seduciendo a veterinarios de buena formación en todo el país con promesas de que trabajarán con equipos de tecnología punta para dueños de mascotas dispuestos a pagar el tipo de tratamientos avanzados que hacen interesante el día de trabajo de un veterinario. Un día hace poco, el doctora Jennifer Welser, oftalmóloga veterinaria que estaba haciendo un chequeo de seguimiento a un bulldog inglés que pertenece al modista Ralph Rucci. El perro, Twombly, padecía de sequedad de los ojos. Welser estiró quirúrgicamente los canales salivales de la cavidad bucal hacia los ojos, con un costo de unos siete mil dólares.
Aunque ahora hay veintiocho clínicos en NYC Veterinary Specialists, Shaw dijo que espera llegar a cincuenta “dentro de poco”.
(Aunque el Centro Médico Animal y NYC Veterinary Specialists son los principales hospitales de especialidades en la ciudad, hay un tercer competidor, los Fifth Avenue Veterinary Specialists en la Calle 15 Oeste, que abrió sus puertas en julio de 2004, y, como los otros, cuenta con una sala de urgencias las 24 horas del día y tiene un escáner CT y otros equipos de alta tecnología).

La semana pasada, en NYC Veterinary Services, Shannon Noyes, enfermera de cuidados intensivos, se estaba preparando para una de las realidades de cualquier hospital: la muerte de un paciente. Mientras un enorme perro mestizo llamado Bullwinkle estaba siendo eutanasiado en un cuarto trasero, ella estaba aplastando un pedazo de arcilla blanca. Tras su muerte, la señorita Noyes presionaría las patas delanteras de Bullwinkle contra la arcilla, cocería la placa en un horno tostador, la colocaría en una pequeña y colorida bolsa de tela que cose en su propia máquina de cocer en su casa, y la entregaría al dueño como un recuerdo junto con una tarjeta de condolencias firmada por el personal del hospital.
El doctor Tim Rocha, nombrado por una revista de Nueva York en 2002 como el principal médico oncólogo veterinario de la ciudad, que está trabajando ahora en NYC Veterinary Specialists, dijo que Bullwinkle sufría de linfoma y no respondió a la quimioterapia.
Sus dueños habían gastado unos siete mil dólares en cuatro meses de tratamientos después del diagnóstico inicial de cáncer. Sin la atención médica, dijo Rocha, “habría muerto en un mes”.
[Allen Salkin]
[15 de marzo de 2008]
[22 de julio de 2007]
new york times][viene de mQh]