problemas en el zoo de lahore

Posted on septiembre 18, 2009 por

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[Lahore, Pakistán] [Interesante reportaje sobre las dificultades de un zoológico, que algunos comparan con un campo de concentración]. Lo leímos para traducir en Los Angeles Times:

El Zoo de Lahore de Pakistán ha tenido más que su cuota de problemas. Según acusan amantes de la naturaleza y ex miembros de la directiva, en el Zoo de Lahore, el zoológico más grande de Pakistán, los animales están sufriendo debido a la mala administración y tratos crueles.Lahore, Pakistán. Los críticos dicen que la mala administración y los tratos crueles ponen en peligro a los animales que viven allí. Ahora el zoológico también está envuelto en un escandálo por el contrabando de un tigre blanco y con las secuelas de un atentado suicida.
Ha quedado destrozado tras un ataque suicida, los residentes están traumatizados y los funcionarios han sido criticados duramente por no proporcionar agua limpia, comidas decentes y cuidados médicos básicos.
¿Se trata de una comunidad en la agitada frontera de Pakistán? ¿De un campamento para gente desplazada que huye del combate en el Swat Valley?
Amantes de la naturaleza y ex miembros de la directiva dicen que una larga historia de mala administración y tratos inhumanos en el zoológico que ya cumplió 137 años, pone en peligro a los animales que se supone debe proteger.
“Si todo esto no es fraude y uso indebido de espacio público, no sé qué podría ser”, dijo Masood Hasan, ex ejecutivo de publicidad y ex miembro de la Comisión de Administración del Zoo de Lahore. “No sería una mala idea… encerrar a los funcionarios en una jaula”.
El último problema que afectó a la atribulada institución es un escándalo por el contrabando de dos tigres blancos, que se supone fueron importados desde Indonesia hace unos meses sin los permisos necesarios para trasladar fuera de las fronteras a especies en peligro de extinción.
De acuerdo a informes de prensa locales, el zoológico solicitó retroactivamente varios permisos, después de acceder a pagar cerca de 47 mil dólares por tigre, un elevado margen para los costes de 1.250 dólares del importador.
Una investigación tratará de determinar qué papel jugaron el zoológico, el importador y los intermediarios, y si se pagaron sobornos, pero Hasan dijo que no esperaba demasiado de la pesquisa.
Los visitantes del zoológico no parecen particularmente asombrados por las acusaciones.
“Si hay corrupción, sería muy malo”, dijo Ayaz Ahmed, 56, empresario retirado, frente a la jaula de los tigres, con sus nietos. “Luego, hay corrupción en todo Pakistán, ¿por qué no debería haberla en negocios con animales?”
Las dos tigresas blancas están tendidas lánguidamente bajo el calor de 38 grados hasta que un cuidador las aguijonea con una vara de hierro para obligarlas a mirar a la gente, provocando un contrariado gruñido. La jaula no tiene aire acondicionado, sino sólo un aparato que sopla aire en su celda a través de un trapo húmedo.
Un letrero dice: “En Pakistán, los tigres se extinguieron en 1886”.
Aunque los tigres prefieren la soledad, los dos majestuosos animales están apretujados en una jaula de acero y cemento de cinco metros por seis. Al lado, una jaula todavía más apretujada alberga a cuatro leones adultos.
Durante la duración de la investigación por contrabando, los dos tigres no podrán salir de su jaula, ni siquiera para estirar las piernas. “Eso exigiría demasiados permisos”, dice Saman Bhatti, la única veterinaria del zoológico.
Los críticos dicen que el zoológico tiene la costumbre de adquirir animales exóticos -que luego a menudo son mal tratados- para aumentar beneficios que no son fiscalizados. Algunos cuestionan la política oficial de subastar pieles, cuernos y otras partes del cuerpo de los animales que mueren por causas naturales.
“Es como un campo de concentración”, dijo Shaista Sonnu, profesor de la Universidad de Punjab y ex miembro de la directiva. “Es absolutamente criminal, una litaría de miserias y torturas administrada por subordinados”.
A unos metros de los tigres, un puma camina de un lado a otro, con el ojo izquierdo hinchado, ciego y lechoso. Se peleó con un macho antes de que el zoo la adquiriera, dice Bhatti, y el zoo quiere ahora que el vendedor, un coleccionista privado, le devuelva el dinero.
Durante años los funcionarios prometieron que se mejoraría la infraestructura tan pronto como el plan maestro -de 250 mil dólares-, presentado en 2005, sea implementado. Pero los años pasan y señorean las guerras territoriales y los choques de egos sobre la estructura y diseño del plan, dicen los críticos.
“No me importaría si se llevaran el dinero, provisto que alguna parte sirviera a los animales”, dice Hasan. “Pero nadie lo hace”.
Los parques de diversiones, los títeres, las tiendas de regalo, los restaurantes y cafeterías, las visitas nocturnas con música e iluminación estilo discoteca, una mezquita y un edificio de varias plantas se encuentran entre las mejoras propuestas, la mayoría de las cuales reducirá todavía más el espacio para los animales en el zoo, donde 1.100 animales se concentran en un espacio de sesenta mil metros cuadrados. En comparación, el Zoológico de Los Angeles tiene el mismo número de animales en más de 400 mil metros cuadrados.
“Es una locura”, dice Shoaib Ahmed, periodista de fauna silvestre en el diario Dawn.
Entretanto, el zoo no tiene dispensario, enfermería, sala de operaciones, máquina de rayos equis, programas de vacunas ni equipo de ultrasonido. Los techos se derrumban, los fosos se desmoronan y las atiborradas jaulas dan alas a enfermedades y estrés. Arreglos básicos se dejan para más adelante, dicen los críticos.
El director del zoo, Zafar Shah, dijo que asumió el cargo hace sólo unos meses y espera mejorar las condiciones.
Shah se negó a hacer comentarios sobre la corrupción y las acusaciones de contrabando, observando que la investigación de los tigres estaba en curso. “Muchas de esas muertes son una vieja historia”, dijo. “Ocurren accidentes”.
Tauqeer Shah, cazador, dueño de una granja con fauna silvestres y antiguo miembro de la directiva del zoológico, dijo que la investigación en el caso del contrabando de tigres demostrará que el zoológico no tiene culpa alguna.
Los animales gozan de buena salud, dijo. Se han mandado a hacer jaulas más grandes, pronto llegarán más equipos veterinarios y se ha discutido el tema del robo de carne y verduras destinadas a los animales. “Las cosas han mejorado mucho”, dijo. “Ahora nadie puede salir del zoo con una banana”.
En un rincón del zoo que alberga los edificios públicos, las puertas están entreabiertas, las ventanas rotas y las paredes destrozadas. Además de sus numerosos problemas, a fines de mayo el zoológico fue el blanco de un ataque suicida dirigido contra la agencia de espionaje del premier paquistaní en un complejo aledaño.
Durante más de treinta minutos, la veterinaria Bhatti y otros buscaron refugio cuando, a unos metros de allí, estalló una balacera. Cuando los militantes detonaron un coche bomba, la explosión mató a un ciervo, rompió las puertas de las jaulas, obligó a huir a los animales aterrorizados y dejó los árboles incrustados de fragmentos de metal.
Menos visible pero no menos importante fue la angustia que sufrieron los animales, dijo Bhatti. La mayoría no comieron en días, y muchos todavía muestran síntomas de estrés, pese a que ha pasado un mes.
En una apretada oficina atiborrada de papeles, frascos de remedios, hipodérmicas y letreros de pájaros y tortugas, Bhatti mostró una serie de peticiones para examinar a animales enfermos, controlar los cuernos astillados de uno, ocuparse de un recién nacido.
Antes de ser contratada hace dos años, poco después de su graduación, el zoológico no tenía un médico veterinario. Bhatti obviamente ama a los animales. Durante un paseo se para a rascar los cuernos de un rinoceronte y mimar a los monos. Pero ocuparse sola de tantos es un montón para una médico veterinaria sin experiencia. “No es un trabajo para una sola persona”, dijo.
Algunos se maravillan de que Pakistán se preocupe de los animales cuando todos los días muere gente en ataques de los militantes, pero están olvidando lo más importante, dicen los animalistas.
Se trata de valores centrales y del alma de un país, dijo Hasan, parafraseando la frase de Mohandas Gandhi de que el valor de una nación se juzga por cómo trata a sus animales: “Si una sociedad permite que su pueblo descienda al infierno, ¿por qué deberían los animales seguir el ejemplo?”
[Mark Magnier]
[18 de septiembre de 2009]
[2 de agosto de 2009]
los angeles times]

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