de ecocanil a cárcel para perros

Posted on septiembre 6, 2010 por

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A 5 de septiembre de 2010, ecocanil de Laguna Verde habría aceptado recibir a perros recogidos por municipalidad de Valparaíso. Circulan salvajes rumores sobre función final del canil.

Se dice por ahí que las autoridades del ecocanil de Laguna Verde (una institución privada) habrían aceptado un acuerdo con el alcalde de Valparaíso. La municipalidad recogerá a los perros callejeros y los trasladará al canil. En la semana, el alcalde anunció el traslado de 300 perros. Allá ya residen 500, que es más de lo que el canil puede soportar. Con 300 perros más, colapsará, según anunció la secretaria de la institución, Liliana Valbenito. Dejará de ser el ecocanil original y se convertirá en una perrera -en una cárcel para perros.
El alcalde habría prometido ampliar las instalaciones del canil y pagar por la manutención de los perros. Si existe esta promesa, es dudoso que la cumpla. Castro no es un político que acostumbre a respetar la palabra dada y ya antes ha dejado caer compromisos con el ecocanil. Su jefe de medio ambiente ha llamado a la ciudadanía a enviar dinero a Laguna Verde, “pues serán ellos los encargados de alimentar y cuidar a los canes”. El encargado se fue de lengua. Se presiente que el político de la UDI alegará luego que no tiene fondos.
Una vez que el ecocanil se llene de miles de perros, y que la falta de recursos provoque el colapso (epidemias, infecciones, ausencia de médicos veterinarios, hacinamiento, problemas con el vecindario, falta de voluntarios), el canil se convertirá en perrera. Obviamente hablarán de buscar una solución. Y es de prever que el alcalde proponga, como anteriormente, el exterminio, que presentará como única solución.
Y una vez encaminados hacia el exterminio, y ahora el alcalde como jefe máximo del canil, ¿quién le impedirá vender los cadáveres de los chuchos a algún fabricante de alimento para perros? De hecho, ese era uno de los puntos de un proyecto de ley, felizmente retirado, también de la extrema derecha y apoyo de la Democracia Cristiana, que incluía la subasta pública de los perros secuestrados, sin formular preguntas sobre su ulterior destino.
Ojalá me equivoque. Bien podría el alcalde aprender y seguir el ejemplo de otras municipalidades, que recogen a los perros abandonados para ponerlos bien y ofrecerlos en adopción, en colaboración con animalistas y vecinos. Pero para proponer un proyecto semejante se necesita tener alma, y el alcalde Castro perdió la suya hace mucho.