la nueva guerra contra los lobos

Posted on diciembre 27, 2011 por

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[Estados Unidos] [En gran parte por la influencia de grupos de extrema derecha, ganaderos y cazadores deportivos, Idaho y Montana retiraron a los lobos de la lista de especies protegidas.] Lo leímos en Los Angeles Times, y tradujimos:

[J. William Gibson] La carnicería empezó tan pronto como terminó la protección federal. En abril el Congreso retiró a los lobos de Montana y Idaho de la protección de la Ley de Especies en Peligro de Extinción. Y este otoño empezó la matanza.
El miércoles, el Departamento de Caza y Pesca de Idaho informó que este año se habían “cosechado” 154 de los estimados 750 lobos del estado. La caza legal y las trampas –tanto con lazos de ahorque como con cepos- continuarán durante toda la primavera. Y si la caza no logra reducir suficientemente la población de lobos –a menos de ciento cincuenta lobos-, el estado dice que usará tiradores aerotransportados para eliminar más.
En Montana, los cazadores podrán matar esta temporada hasta 220 lobos (cerca del cuarenta por ciento de sus aproximadamente 550 lobos). Hasta la fecha, los cazadores han matado a cerca de cien lobos, provocando que el estado extendiera la temporada de caza hasta fines de enero. David Allen, presidente de la poderosa Fundación del Alce de las Montañas Rocosas, dijo que piensa que los cazadores no pueden hacer el trabajo y está instando al estado a seguir el ejemplo de Idaho y “preparar métodos más agresivos de control de los lobos, quizás tan pronto como para el verano de 2012”.
El gobernador de Wyoming, Matt Mead, cerró hace poco un acuerdo con el secretario de Interior, Ken Salazar, para salvar entre cien y ciento cincuenta lobos en zonas cercanas al Parque Nacional Yellowstone. Pero en el ochenta por ciento restante del estado, los lobos pueden ser matados durante todo el año porque son considerados una plaga. Casi el sesenta por ciento de los 350 lobos de Wyoming están destinados a ser eliminados.
Lo que está pasando ahora con los lobos, y lo que se les piensa hacer, realmente no se puede definir como caza. Es una guerra declarada.
A mediados de los años noventa, cuando el Servicio de Caza y Pesca liberó a 66 lobos en Yellowstone y en el centro de Idaho, la mayoría de los estadounidenses lo celebró. El magnífico lobo, un ícono de la fauna salvaje que los humanos han empujado al borde de la extinción en Estados Unidos, ahora volverán a ocupar parte de su antiguo hábitat. Pero en la región donde se introdujo a los lobos, la decisión es mucho más polémica.
Parte de la razón fue el aumento, especialmente en Idaho y Montana, de los defensores de las milicias paramilitares, con su ideal masculino del hombre como un guerrero que debe luchar contra el aborrecido gobierno central, recurriendo a la fuerza de las armas si fuera necesario. Estaban indignados por lo que ven como interferencia del gobierno en la región espoloneado por los ambientalistas, y sus ideas encontraron acogida entre los rancheros, que consideran a los lobos como una amenaza para su ganado –incluso aunque explotan tierras federales- y los cazadores, que no quieren que los lobos reduzcan la población de caza mayor.
Las facciones se han apoyado mutuamente, y hoy ha emergido toda una mitología cultural que demoniza al gobierno federal, al movimiento ambientalista y a los lobos mismos. Muchas afirmaciones falsas son acogidas como verdades, incluyendo la historia de que el Servicio de Caza y Pesca robó sesenta millones de dólares de los impuestos federales recaudados por armas y municiones para financiar la reintroducción de los lobos; que los lobos reintroducidos portan horribles lombrices solitarias que se pueden transmitir fácilmente a los perros, y finalmente a los humanos; que los lobos canadienses que fueron importados son de una especie enteramente diferente a los lobos grises que antes vivían en las Rocosas; y que estos lobos matan alces, venados, ganado –e incluso humanos- por diversión.
Las aseveraciones falsas pueden haber tenido una particular resonancia porque se construyen sobre una larga tradición en la cultura occidental. Durante la Edad Media, la Iglesia Católica decretó que los lobos pertenecían al demonio: los demonios podían adoptar la forma de lobos, como las brujas. Los puritanos trajeron ideas similares a Estados Unidos. Cotton Mather definió Nueva Inglaterra, antes de que fuera colonizada, como poblada por animales salvajes aulladores. Cuando le pidieron que investigara a las presuntas brujas de Salem, concluye Mather en su libro ‘On Witchcraft’ (1692): “Los lobos nocturnos (hombres lobo y brujas) no eran sino más que otras pruebas del diablo a medida que Nueva Inglaterra se convertía de estado salvaje en “tierra prometida”.
Y esas creencias han persistido. Gary Marbut, presidente de la influyente Asociación de Deportes de Tiro de Montana, escribió en 2003 que “uno podría razonablemente ver todo el desarrollo del hombre y la construcción de la civilización como un proceso de defensa contra los lobos”.
Los políticos de los dos partidos en los estados occidentales se han mostrado ansiosos para reforzar esas defensas. En Idaho, el representante republicano Mike Simpson y el gobernador del estado, Butch Otter, declararon que el retiro de los lobos de la Ley de Especies en Peligro de Extinción era una prioridad política. En Montana, el representante republicano Denny Rehberg ha convertido el retiro de la protección a los lobos en un punto central de su campaña senatorial de 2012 contra el senador demócrata Jon Tester. A su vez, en abril, Tester convenció a sus colegas demócratas en el Senado de que aprobaran una recomendación en un proyecto de ley de presupuesto que retira las protecciones a los lobos.
A principios de noviembre, el senador Max Baucus, demócrata de Montana, hizo su propia contribución política. Excitado por las pruebas realizadas con un avión no tripulado fabricado en Montana, Baucus declaró: “Nuestras tropas dependen de este tipo de tecnología todos los días, y hay un gran futuro potencial en la vigilancia de las fronteras, en la agricultura y en la fauna silvestre y en el control de los depredadores”. Un representante del fabricante dijo que el avión de su compañía “puede distinguir entre un lobo y un coyote”. Las aeronaves no tripuladas utilizadas por la CIA y la Fuerza Aérea para identificar y asesinar a presuntos terroristas parecen ahora ser opciones reales para seguir y matar a los lobos “enemigos”.
Qué lejos estamos de mediados de los noventa, cuando celebrábamos la reintroducción de los lobos. Durante la elección presidencial de 2008, el candidato Barack Obama declaró: “La política federal hacia los animales debe respetar la dignidad de los animales y sus derechos legítimos como cohabitantes del medio ambiente. Debemos luchar para proteger a los animales y sus hábitats y para prevenir la crueldad, la explotación y el abandono”.
El presidente debería ahora cumplir esas promesas.
[J. William Gibson es profesor de sociología en la Universidad de California en Long Beach y autor de ‘A Reenchanted World’.]
27 de diciembre de 2011
8 de diciembre de 2011
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer