auge de estudios animales

Posted on enero 19, 2012 por

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[Desde ciudades universitarias hasta sala de conferencias. El rechazo de la dieta carnívora. La protección animal. Un artículo teórico ambicioso deja fuera al filósofo francés Claude Lévi-Strauss, que fuera quizá el primero después de la Segunda Guerra Mundial, en poner en cuestión la centralidad del ser humano.] Lo leímos en The New York Times, y tradujimos:

[James Gorman] Antes, los animales en la universidad eran la provincia de la ciencia. Las ratas corrían por laberintos en laboratorios de psicología, las vacas mugían en los establos veterinarios, los monos de neurociencias cotorreaban en sus jaulas. Y en las mesas de disección de los estudiantes universitarios, ranas conservadas guardaban un mortal silencio.Al otro lado del campus, en los seminarios y en los salones de conferencias de las artes liberales y las ciencias sociales, donde la comida de mono no se sirve nunca y todos los laberintos están hechos de palabras, la atención de los estudiosos estaba firmemente fijada en los humanos.
Ya no es así.
Esta primavera, estudiantes de primer año de Harvard pueden seguir ‘Human, Animals and Cyborgs’. El año pasado, Dartmouth ofreció ‘Animals and Women in Western Literature: Nags, Bitches and Shrews’. La Universidad de Nueva York ofrece ‘Animals, People and Those in Between’.
Los cursos son parte del creciente, pero todavía no definido campo de los estudios animales. De momento, de acuerdo a Marc Bekoff, profesor emérito de ecología y biología evolucionaria en la Universidad de Colorado, el campo incluye “todo lo que tenga que ver con el modo en que interactúan humanos y animales”. Arte, literatura, sociología, antropología, cine, teatro, filosofía, religión: hay animales en todos ellos.
El campo se construye parcialmente sobre una larga historia de investigación científica que ha borroneado la antiguamente clara distinción entre los humanos y los otros animales. Se ha demostrado que otras especies poseen aspectos de lenguaje, uso de herramientas, incluso las raíces de la moralidad. También se deriva de una disciplina llamada estudios culturales, en los que la academia, en los últimos años, ha dirigido su atención hacia los ignorados y marginados humanos.
Algunos estudiosos se preguntan ahora: ¿Por qué parar aquí? ¿Por qué respetar el incierto límite que separa a una especie de todas las demás? ¿Es el turno de un director de escena shakespeariano: que salgan las humanidades, perseguidas por un oso?
No de momento, aunque algunos investigadores han sugerido que es hora de avanzar hacia las post-humanidades.
El Instituto Animales y Sociedad, de sólo seis años de antigüedad, ha hecho un listado de más de cien cursos en institutos y universidades estadounidenses que pueden ser incluidas en la denominación más amplia de estudios animales. Han proliferado institutos, libros, series y conferencias. Han aparecido programas académicos formales.
La Universidad Wesleyan, con el Instituto Animales y Sociedad, empezó un programa de becas de verano este año. Un programa en la Universidad de Michigan permite que estudiantes doctorales y de maestría en diferentes campos concentren su trabajo en estudios animales. Al menos dos instituciones ofrecen especializaciones universitarias en el campo. Y justamente este otoño, la Universidad de Nueva York empezó un programa de estudios animales.
Dale Jamieson, director del programa, dijo que la actividad en estudios animales había sido “algo incompleta” hasta el momento, pero que esperaba que la NYU pueda ayudar “a convertirla en un campo académico más cohesivo y más riguroso académicamente”.
Por supuesto, los académicos no han ignorado nunca a los animales. Pensadores y escritores de todas las épocas se han interesado en qué separa a los humanos de los otros animales y cómo deberíamos tratar a nuestros primos lejanos y no tan lejanos. El reciente estallido de interés es, sin embargo, nuevo, y los estudiosos detectan varias razones para explicar el crecimiento del campo.
Kari Weil, profesor de filosofía en la Wesleyan cuyo libro ‘Thinking Animals: Why Animal Studies Now?’ será publicado en la primavera, dijo que las ciencias de la conducta y del ambiente habían sentado los cimientos dando a los humanos “la sensación de que somos una especie entre especies” –que, como los otros animales, estamos “sujetos a las fuerzas de la naturaleza”.
Pensemos en el efecto que causó Jane Goodall cuando mostró por primera vez el mundo social y emocional de los chimpancés que hizo casi imposible mantenerlos al otro lado de la valla. O miremos el popular video –en YouTube- de una multitud en Nueva Caledonia doblando un alambre para convertirlo en una herramienta para pescar en un contenedor, y preguntémonos qué edad debería tener un niño para encontrar una solución al problema.
La influencia más directa puede provenir de la filosofía. El libro ‘Animal Liberation’, 1975, de Peter Singer, se convirtió en un referente histórico al argumentar contra el sacrificio, el consumo y los experimentos con animales. Cuestionó que los humanos pudieran excluir a los animales de consideraciones morales, que pudieran justificar causarles dolor.
Lori Gruen, directora del departamento de filosofía de la Wesleyan y coordinadora del programa de becas de verano en estudios animales allá, dijo que una de las importantes preguntas en filosofía era “¿Hacia quién deberíamos dirigir nuestro interés moral?” Hace treinta años, dijo, los animales estaban en los márgenes de las discusiones filosóficas sobre la ética; ahora “la cuestión animal está justo en el centro de la discusión ética”.

Y del Interés Público
Jane Desmond, de la Universidad de Illinois, antropóloga cultural que organizó una serie de charlas sobre los animales, dice que lo que pasa en la arena pública, más allá de la universidad, tiene un rol en provocar más atención en los animales. Existen temores sobre la seguridad de la cadena alimentaria, junto con populares libros que rechazan el sacrificio y el consumo de animales.
Los animales como alimento son un tema importante de interés académico, dijo Gruen, agregando que “dado que el modo en que interactúa la mayoría de la gente con los animales es cuando ellos están muertos y comidos, eso se convierte en un gran tema”.
Los animales con los que viven y adoran los humanos son también un tema importante.
Otra veta de la filosofía, ejemplificada por el escritor francés Jacques Derrida, ha tenido una influencia igualmente pronunciada. Reflexionaba sobre la manera en que pensamos sobre los animales, y sobre por qué nos distanciamos de ellos. Su escrito es casi imposible de captar en una cita, ya que circula constantemente sobre sí misma, construyendo intensidad mientras juega con el lenguaje mismo que está usando para escribir sobre lo que está tratando de entender. Su método ha sido adoptado en muchos trabajos académicos.
En ‘The Animal That Therefore I Am’, por ejemplo, discute prolongadamente no sólo lo que piensa sobre su gato, sino también sobre lo que el gato piensa sobre él. En una frase –e idea- bastante simple tratándose de él, escribe sobre su gato: “Un animal me mira. ¿Qué debería pensar sobre esta frase?”
Lo que piensan los animales –de hecho, lo que los animales tienen que decir- es algo que ahora los académicos toman bastante en serio, reconociendo por supuesto que este método conoce límites. Como dijo Weil, de la Wesleyan, refiriéndose al abismo que existe entre animales y extraños previos (“otros”), como mujeres o afro-americanos. “A diferencia de los otros otros, estos otros no pueden responder ni escribir una respuesta en un idioma que la academia reconozca”.
La academia, parece, sí reconoce y entiende a Derrida y, a veces, utiliza sus mismas redacciones. Consideremos, por ejemplo, ‘Animal, Vegetable, Mineral: Ethics as Extension or Becoming? The Case of Becoming-Plant’ en un número reciente del The Journal for Critical Animal Studies. Otros escritos son bastante accesibles. Los argumentos morales sobre el consumo de animales son claros. También hay estudios que pueden aprovechar a cualquier vecino urbano, como ‘How Pigeons Became Rats: The Cultural-Spatial Logic of Problem Animals’.
La gran variedad de materias, métodos, intereses y suposiciones en estudios animales hace plantearse preguntas sobre cómo se mantienen juntas. Las facultades de derecho, por ejemplo, ofrecen rutinariamente cursos sobre los animales y el derecho. Las facultades de medicina veterinaria tienen cursos sobre la conexión humana con los animales. Algunas personas clasifican los cursos sobre cómo usar a los animales en terapias como parte de los estudios animales.
Nada de esta variedad disminuye la energía o importancia de lo que está pasando, pero al menos algunas personas que trabajan en materias que deberían estar incluidas bajo la rúbrica de estudios animales, como Jamieson en NYU y Desmond en Illinois, creen que la conmoción académica tiene que desaparecer antes de que pueda verse a sí misma como una disciplina académica.
Desmond dice que “todavía no es un campo”. Es, dice, “una comunidad académica emergente”. No le falta energía.
18 de enero de 2012
2 de enero de 2012
©new york times
cc traducción c. lísperguer