murió lawrence anthony

Posted on abril 13, 2012 por

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[Salvó el Zoológico de Bagdad de la guerra tras la invasión estadounidense de Iraq. Su amor por los animales no le impedía comprar burros para alimentar a carnívoros. Pero ¿a quién le gustaría estar en el dilema de tener que alimentar a unos animales que todo el mundo dice que son carnívoros y que, además, aparentemente lo son?]Lo leímos en The New York Times, y tradujimos:

[Douglas Martin] Murió el 2 de marzo en Johannesburgo Lawrence Anthony, que abandonó su carrera en el mundo de los seguros y bienes raíces para hacer de Noé para las especies en peligro de extinción del planeta, más espectacularmente corriendo al rescate del Zoológico de Bagdad en llamas después de la invasión estadounidense de Iraq en 2003. Tenía 61 años.
La Earth Organization, una organización conservacionistas que Anthony fundó en 2003, anunció su deceso. Informes en la prensa dijeron que sufrió un ataque al corazón.
Anthony convenció a rebeldes africanos que eran buscados por crímenes de guerra de que protegieran a los pocos rinocerontes blancos norteños que quedaban merodeando en sus campos de batalla. Adoptó una manada de elefantes escapados que de otro modo habrían sido sacrificados a tiros. Luchó por salvar a los cocodrilos y otras especies. Para conservar la fauna silvestre y sus hábitats, mostró a tribus africanas rivales cómo podían sacar provecho cooperando con la instalación de reservas animales para atraer a turistas. Trabajó con diplomáticos y abogados para introducir un proyecto en Naciones Unidas para prohibir el uso de áreas de conservación como objetivos de guerra.
Arrugado, barbudo y exuberante, Anthony era conocido por su hábito de escuchar a todo volumen música de las bandas de rock Led Zeppelin y Deep Purple en su Land Rover mientras cruzaba dando tumbos el campo africano. Trabajó con eminentes científicos medioambientalistas mientras confesaba despreocupadamente que apenas había terminado la secundaria.
La acción más ampliamente publicitada de Anthony ocurrió después de que Estados Unidos y sus aliados invadieran Iraq el 20 de marzo de 2003. Al enterarse de que Bagdad tenía el zoológico más grande Oriente Medio, se instaló en Kuwait en cuestión de días, cargando un coche con suministros veterinarios antes de cruzar la frontera iraquí detrás de los soldados de Estados Unidos.
Cuando llegó al zoológico todavía estaban luchando y nubes de moscas rondaban sobre cadáveres de animales. Los saqueadores se habían llevado a muchos otros. De los 650 animales del zoológico antes de la invasión, apenas sobrevivían 35, principalmente animales grandes como leones, tigres y un oso pardo oriundo de Iraq. Estaban en tan mal estado, dijo, que inicialmente quería sacrificarlos a tiros para poner fin a sus sufrimientos.
Anthony mismo trabajó en Bagdad durante seis meses, a menudo ayudado voluntariamente por soldados estadounidenses que cooperaban en sus días libres. Algunas semanas después, ex soldados iraquíes que habían desertado de la Guardia Republicana se unieron a la iniciativa. Compró burros para alimentar a los carnívoros. Recuperó a una jirafa que había sido robada; otra había sido comida por iraquíes hambrientos. Rescató a los leones y tigres de la familia Hussein.
Cuando dejó Iraq, los animales estaban sanos, las jaulas limpias y el zoológico se había salvado. La Tercera División de Infantería del Ejército de Estados Unidos le otorgó a Anthony una medalla por su coraje.
Anthony se unió a Graham Spence, escritor y su cuñado, para escribir un libro sobre la experiencia. ‘Babylon’s Ark: The Incredible Wartime Rescue of the Baghdad Zoo’ (2007).
El padre de Anthony era un minero que emigró a Suráfrica desde Escocia en el buque de Correos en los años veinte. Su padre fundó un negocio de seguros y llevó consigo a su familia cuando recorría África del Sur inaugurando oficinas en pequeñas ciudades.

Lawrence nació el 17 de septiembre de 1950 en Johannesburgo, y de joven le gustaba recorrer el monte africano con su mascota, un pastor alemán. Siguió los pasos de su padre en el negocio de los seguros y más tarde incursionó en bienes raíces.
A mediados de los años noventa, Anthony decidió profesionalizar su hobby y compró uno de los santuarios animales más grandes de Suráfrica, la reserva Thula Thula, de dos mil hectáreas. Agregó lujosos servicios y un elegante restaurante para atraer a los turistas ansiosos por observar la fauna silvestre desde cerca. Él también vivía allí.
Los elefantes no fueron parte de su plan sino en 1999, cuando recibió una llamada para ofrecerle nueve animales –tres hembras adultas, tres elefantes jóvenes, un adolescente y dos cachorros. Le habían dicho que eran salvajes y conflictivos y serían sacrificados a tiros si no los adoptaba.
Poco a poco se ganó la confianza de los elefantes. Escribió otro libro con Spence contando cómo había llegado a comunicarse con los elefantes y a apreciar la manera en que se comunicaban entre ellos. Ese libro, ‘The Elephant Whisperer: My Life With the Herd in the African Wild’, fue publicado en 2009.
En 2006, Anthony se reunió con líderes del grupo rebelde Ejército de Resistencia del Señor para suplicarles que no mataran a los extremadamente raros rinocerontes blancos norteños en el Parque Nacional Garamba en la República Democrática del Congo. Dijo que los líderes rebeldes, que utilizan a niños como soldados y han cometido violaciones y otras atrocidades, se mostraron consternados cuando se enteraron de que los expertos creían que quedaban sólo cuatro individuos de la especie.
Como parte de una tregua, los rebeldes accedieron a aceptar un acuerdo, en parte porque consideran a los rinocerontes como un tótem importante. La tregua no se sostuvo, y los conservacionistas creen que la subespecie norteña se encuentra extinta. Otro libro de Anthony y Spence, ‘The Last Rhinos’, llegará a librerías este año.
Le sobreviven su esposa Françoise Malby; su madre, Regina; sus hijos, Dylan y Jason; y dos nietos.
Los elefantes también le sobreviven. Desde su muerte, contó su hijo Dylan a periodistas, la manada se acerca todas las noches a la casa al borde de la reserva.
13 de abril de 2012
11 de marzo de 2012
©new york times
cc traducción c. lísperguer