comiendo pollos con arsénico

Posted on abril 21, 2012 por

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[En Estados Unidos, la industria avícola hace ingerir a las aves ingredientes prohibidos, incluyendo el arsénico y sedantes que las tranquilizan. La razón es que las aves estresadas tienen la carne dura y toman más tiempo en crecer.] Lo leímos en The New York Times, y tradujimos:

[Nicholas D. Kristof] Espero que el lector no esté leyendo esta columna mientras come un bocadillo de pollo. Esto es porque hoy mi tema es un par de nuevos estudios científicos que sugieren que a los pollos de granjas industriales se les hace ingerir rutinariamente cafeína, ingredientes activos del Tylenol y Benadryl, antibióticos prohibidos, e incluso arsénico.
“Estamos de una pieza”, dijo Keeve E. Nachman, co-autor de ambos estudios e investigador del Center for a Livable Future de la Universidad John Hopkins. “Lo que encontramos es increíble”.
Dijo que los investigadores pensaban controlar solamente los antibióticos. Pero como el análisis de otros químicos y farmacéuticos no costaba nada extra, los investigadores también pidieron esos resultados.
“No hemos encontrado nada que sea de preocupación médica inmediata”, agregó Nachman. “Pero me hace preguntarme cómo estamos alimentando a los animales que nos comemos. Eso me asombra”.
Del mismo modo, yo crecí en una granja y pensaba que sabía qué podía encontrar en la comida. ¿Pero Benadryl? ¿Arsénico? Esos estudios no quieren decir que deberías arrojar a la basura el contenido de tu nevera, pero plantean serias preguntas sobre el alimento que estamos ingiriendo y sobre cómo deberíamos hacer las compras.
Resulta que a los pollos se los alimenta rutinariamente con arsénico (y a veces cerdo) porque reduce las infecciones y hace que la carne adquiera un matiz rosado más apetitoso. No hay evidencias de que esos niveles de arsénico sean nocivos para los pollos o la gente que se los come. Sin embargo…
Big Ag no publicita los químicos que mete en los animales, de modo que los científicos que realizan estos estudios idearon un ingenioso modo de detectarlos. Las plumas de las aves, como las uñas de los humanos, acumulan los químicos y fármacos a los que se ha expuesto un animal. Así que los investigadores de las universidades John Hopkins y Arizona estudiaron la harina de plumas, un subproducto avícola hecho de plumas.
Un estudio, publicado en una revista científica que trabaja con el sistema de colegas lectores, Environmental Science & Technology, concluyeron que la harina de plumas contenía como norma una clase de antibióticos prohibida, llamada fluoroquinolona. Estos antibióticos (como el Cipro) son ilegales en la producción avícola porque pueden generar súper bichos resistentes a los antibióticos que son nocivos para los humanos. Las infecciones resistentes a los antibióticos matan anualmente más estadounidenses que el SIDA, de acuerdo a la Sociedad de Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos.
El mismo estudio concluyó también que un tercio de las muestras de harina de plumas contenía antihistamina que es el ingrediente activo del Benadryl. La inmensa mayoría de la harina de plumas contenía acetaminofeno, el ingrediente activo de Tylenol. Y las muestras de harina de plumas de China contenían un antidepresivo que es el ingrediente activo del Prozac.
La literatura sobre la crianza de aves recomienda Benadryl para reducir la ansiedad de los pollos, aparentemente porque los pollos estresados tienen la carne más dura y se demoran en crecer. El Tylenol y el Prozac sirven presumiblemente para lo mismo.
Los investigadores concluyeron que la mayor parte de las muestras de harina de plumas contenía cafeína. Resulta que los pollos reciben a veces pulpa de café y té verde en polvo para mantenerlos despiertos de modo que pasen más tiempo comiendo. (¿Es por eso que necesitan Benadryl, para calmarlos?)
El otro estudio, comentado en una revista llamada Science of the Total Environment, encontró arsénico en todas las muestras de harina de plumas analizadas. Casi nueve de diez pollos de engorde en Estados Unidos reciben arsénico en el alimento, de acuerdo a una estimación de la industria de 2011.
Esas conclusiones sorprenderán a algunos avicultores porque a menudo no saben qué químicos les meten a sus animales. Las grandes empresas alimentarias exigen que los granjeros usen una mezcla patentada, y el granjero normalmente no sabe exactamente en qué consiste. Pedí una explicación a la Asociación de Huevos y Aves de Corral de Estados Unidos (United States Poultry and Egg Association), pero me dijeron que no habían revisado los estudios y no tenían nada más que decir.
¿Qué significa todo esto para los consumidores? El estudio sólo analizó las plumas, no la carne, así que no sabemos exactamente qué químicos llegaron a los platos, ni en qué niveles. Las dudas son enormes, pero pregunté a Nachman sobre el alimento que compra para su propia familia. “He estado estudiando durante algún tiempo la producción de animales para la alimentación, y mientras más estudio, más me inclino hacia lo orgánico”, dijo. “Compramos productos orgánicos”.
Yo hago lo mismo. Yo era escéptico de lo orgánico, pero mientras más informo sobre nuestros alimentos, más quiero que mi familia se alimente de productos orgánicos –simplemente para estar seguros.
Para mí, esto subraya los riesgos de la agricultura industrial. Cuando estaba creciendo en nuestra desesperadamente ineficiente granja familiar, normalmente no dábamos fármacos a los animales. Si los pollos se ponían ansiosos, la razón era probablemente un zorro, y nunca tratamos de resolver el problema con Benadryl.
Mi posición es que el modelo comercial de la agricultura industrial tiene algunos impresionantes logros, como la producción de alimento barato que nos ahorra dinero en la tienda de abarrotes. Pero podemos terminar todos pagando más en el seguro médico debido a las infecciones resistentes a los antibióticos.
Francamente, después de leer estos estudios, me siento tan deprimido sobre lo que ha ocurrido con la agricultura, que me pregunto: ¿Podría un pollo al Prozac ofrecer algún consuelo?
20 de abril de 2012
5 de abril de 2012
©new york times
cc traducción c. lísperguer