masacran a elefantes por el marfil

Posted on septiembre 21, 2012 por

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[Parque Nacional Garamba, República Democrática del Congo] [Desenfrenada caza del elefante por su marfil, alimenta las guerras y las ganancias. La Guerra del Marfil: en el parque nacional, destacamentos de guardabosques fuertemente armados libran guerra contra los cazadores de elefantes.]

[Jeffrey Gettleman] En los treinta años que lleva luchando contra los cazadores furtivos, Paul Onyango no vio nunca nada como esto: veintidós elefantes muertos, incluyendo varios cachorros, amontonados en la pradera abierta, muchos de ellos ultimados de un tiro en la parte de arriba de la cabeza.
No había huellas que indicaran por dónde se habían marchado, ninguna señal de que los cazadores hubieran acechado a sus presas en la tierra. Los colmillos habían sido cortados a machetazos, pero no habían tocado la carne –a diferencia de los cazadores furtivos ocasionales que casi siempre cortan un poco de carne para alimentarse durante el largo camino a casa.
Varios días después, a principios de abril, los guardabosques del Parque Nacional Garamba divisaron un helicóptero militar ugandés volando muy bajo sobre el parque en un vuelo no autorizado, pero dijeron que se volvió abruptamente después de ser detectado. Funcionarios y científicos del parque y las autoridades congoleñas creen que los militares ugandeses –principales aliados del Pentágono en África- mataron a esos veintidós elefantes desde un helicóptero y se marcharon con más de un millón de dólares en marfil.
“Eran buenos tiradores, muy buenos tiradores”, dijo Onyango, jefe de los guardabosques. “Mataron también a los bebés. ¿Por qué? Parece que vinieron a destruirlo todo”.
África se encuentra en medio de una épica matanza de elefantes. Organizaciones conservacionistas dicen que los cazadores furtivos están exterminando a decenas de miles de elefantes al año, más que en cualquier otro periodo en los últimos veinte años, mientras que el comercio clandestino de marfil esta cada vez más militarizado.
Como los diamantes de sangre de Sierra Leona o los minerales saqueados en el Congo, parece que el marfil es el último conflicto por recursos en África, y tras su transporte desde remotas zonas de guerra, convertido fácilmente en dinero; ahora alimentando conflictos en todo el continente.
Algunos de los más infames grupos armados de África, incluyendo el Ejército de Resistencia del Señor, la Shabab y los janjaweed de Darfur, están cazando elefantes y utilizando los colmillos para comprar armas y financiar sus delitos. Sindicatos del crimen organizado se están asociando a estos grupos para mover el marfil en todo el planeta, aprovechando los estados turbulentos, las fronteras porosas y los funcionarios corruptos desde el África subsahariana hasta China, según funcionarios policiales.
Pero no son solamente los forajidos los que sacan tajada. Los miembros de algunos ejércitos africanos adiestrados y financiados con millones de dólares de los contribuyentes por el gobierno de Estados Unidos –como las fuerzas armadas ugandesas, el ejército congoleño y las recién formadas fuerzas militares de Sudán del Sur- han estado implicados en la caza ilegal de elefantes y en el tráfico de marfil.
Los soldados congoleños son a menudo arrestados por esto. Fuerzas de Sudán del Sur atacan frecuentemente a los guardabosques. Interpol, la red policial internacional, está ahora ayudando a investigar las masacres de elefantes en el parque Garamba, analizando las muestras de ADN obtenidas de los colmillos de los animales para compararlas con las de los colmillos de un enorme envío de colmillos, marcados como “artículos para el hogar”, requisado recientemente en un aeropuerto ugandés.
La inmensa mayoría del marfil ilegal –más del setenta por ciento, dicen los expertos- se dirige hacia China, y aunque los chinos han codiciado el marfil durante siglos, nunca antes podían adquirirlo tantos de ellos. El boom económico chino ha creado una enorme clase media que ha empujado el precio del marfil a mil estratosféricos dólares por libra en las calles de Pekín.
Altos funcionarios del Ejército Popular de Liberación se inclinan por las baratijas de marfil cuando piensan en regalos. Los foros online chinos ofrecen un mercado próspero y esencialmente clandestino para palillos, marcapáginas, anillos, vasos y peines, además de útiles datos sobre cómo ingresarlos clandestinamente (envolviendo el marfil en papel de aluminio, dice una página web, para despistar a la máquina de rayos equis).
El año pasado, más de ciento cincuenta mil ciudadanos chinos fueron arrestados en África, desde Kenia hasta Nigeria, por contrabando de marfil. Y hay crecientes evidencias de que la caza ilegal aumenta en las zonas ricas en elefantes donde los obreros de la construcción chinos están haciendo caminos.
“China es el epicentro de la demanda”, dijo Robert Hormats, alto funcionario del Departamento de Estado. “Sin la demanda china, todo esto se acabaría”.
Dijo que la secretaria del Departamento de Estado, Hillary Rodham Clinton, que condenó la guerra por los minerales del Congo hace unos años, estaba llevando el problema del marfil a “los más altos niveles” del gobierno chino y que iba a “dedicar tiempo y esfuerzos considerables para tratarlo, de un modo muy insistente”.
Los extranjeros han estado diezmando a los elefantes africanos durante años. “El oro blanco” fue una de las principales razones por las que el Rey Leopoldo II de Bélgica convirtiera al Congo en su propio feudo personal a fines del siglo diecinueve, donde a los brutales excesos de las estaciones de marfil río arriba descritos en la ligeramente ficticia novela de Joseph Conrad, ‘El corazón de las tinieblas’ [Heart of Darkness], plantaron las semillas del desastre del Congo hoy.
La Costa de Marfil derivó su nombre de las gruesas manadas de elefantes que acostumbraban a retozar en los bosques. Hoy, después de décadas de carnicería, casi no quedan elefantes.
La demanda de marfil ha aumentado hasta el punto de que los colmillos de un solo elefante puede valer más de diez veces el ingreso promedio anual en muchos países africanos. En Tanzania, los campesinos pobres están envenenando calabazas y dejándolas en el camino para que se las coman los elefantes. En lo más profundo de las selvas tropicales de Gabón, se están reclutando cazadores de subsistencia para matar elefantes y entregar los colmillos, a veces por tan poco como un saco de sal.
El año pasado, los niveles de caza furtiva en África fueron los más altos desde que monitores internacionales empezaran a llevar estadísticas detalladas en 2002. Y 2011 batió el récord de la cantidad de marfil ilegal requisado en todo el mundo, con 38.8 toneladas (lo que equivale a los colmillos de más de cuatro mil elefantes muertos). Funcionarios policiales dicen que el fuerte aumento en cuantiosos decomisos es un claro indicio de que el crimen organizado se ha introducido en el hampa del marfil, porque sólo una máquina criminal bien engrasada, con la ayuda de funcionarios corruptos, podría mover cientos de kilos de colmillos a miles de kilómetros en todo el planeta, empleando a menudo contenedores fabricados especialmente con compartimentos secretos.
Los contrabandistas son “sindicatos africanos y asiáticos”, dijo Tom Milliken, director del Sistema de Información sobre el Comercio de Elefantes, un proyecto internacional de vigilancia del marfil, e “intervenciones policiales altamente adaptativas, cambiando constantemente las rutas y el modus operandi”.
Los conservacionistas dicen que las matanzas que están ocurriendo en todo el continente africano pueden ser tan graves como las de los años ochenta, cuando los cazadores ilegales mataron a más de la mitad de los elefantes de África antes de que se promulgara una prohibición internacional del comercio en marfil.
“Estamos viviendo lo que es probablemente el porcentaje de pérdidas de elefantes más grande de la historia”, dijo Richard G. Ruggiero, funcionario del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos.
Algunos expertos dicen que está en juego la supervivencia de la especie, especialmente cuando muchos miembros de los servicios de seguridad africanos encargados de proteger a los animales, en realidad los están matando.
“Las grandes manadas en África Occidental han desaparecido, y las que se encuentran en el centro y este las siguen rápidamente”, dijo Andrew Dobson, ecologista de Princeton. “La pregunta es: ¿Quiere usted que sus hijos crezcan en un mundo sin elefantes?”

“Nosotros Disparamos Primero”
El Parque Nacional de Garamba es un enorme y hermoso territorio de cinco mil kilómetros cuadrados cubiertos por la vegetación, metido en el rincón nordeste del Congo. Imagine un mar de un crecido pasto elefante, serpenteantes ríos marrones, tramos de papiro y un ocasional secretario blanco y negro cayendo en picado contra el cielo color rosado. Fundado en 1938, el Parque Garamba es considerado como uno de los parques más impresionantes, el sueño de todo naturalista.
Pero hoy es un campo de batalla, con una carrera armamentística que se libra en la pradera. Cada mañana, los 140 guardabosques de Garamba se forman con rifles de asalto, ametralladoras y lanzagranadas. Luis Arranz, encargado del parque, quiere drones de vigilancia, y la organización sin fines de lucro que dirige está considerando comprar gafas infrarrojas, chalecos antibalas y camionetas con ametralladoras.
“Nosotros no negociamos, no advertimos, disparamos primero”, dijo Onyango, jefe de los guardabosques, que trabajó como guardabosques en Kenia durante más de veinte años. Ascendió a un alto cargo en su carrera, pero perdió su trabajo después de que un cazador ilegal muriera en custodia después de haber sido azotado.
“Allá no se juega”, dijo Onyango, usando la palabra swahili para juego.
En junio oyó una ráfaga de tiros. Sus guardabosques avanzaron gateando como leopardos durante horas a través del áspero pasto elefante hasta que vieron a cazadores mutilando a varios elefantes. En el momento en que sus hombres empezaron a disparar, la selva vibró con el chisporroteo de las balas.
“Nos dispararon con PKMs, AKs, G-3s y FNs”, dijo. “La mayoría de los cazadores son ahorrativos con sus municiones, pero estos tipos disparan como si estuvieran en Iraq. De repente, nos vimos superados”.
Las dos viejas ametralladoras de los guardabosques se atascaron ese día, y escaparon por un pelo (desde 2008 han muerto once guardaespaldas e incluso los cazadores han secuestrado a hijos de los funcionarios). La investigación posterior descubrió que los cazadores ilegales eran miembros del Ejército de Resistencia del Señor, una bestial organización rebelde que circula en África central, asesinando a campesinos y esclavizando a sus hijos.
Tropas estadounidenses de Operaciones Especiales están ayudando a varios ejércitos africanos a perseguir al invisible líder del grupo, Joseph Kony, del que se cree que se oculta en un remoto rincón de la República Centroafricana.
Para Kony, el marfil puede ser su nueva cuerda de salvamento.
Varios desertores recientes del Ejército de Liberación del Señor dijeron que Kony había ordenado a sus combatientes matar a todos los elefantes que pudieran y enviarle los colmillos.
“Kony quiere marfil”, dijo una joven que fue secuestrada a principios de año cerca de Garamba y no quiso ser identificada porque todavía estaba aterrada. “A los otros rebeldes les oí decir muchas veces: ‘Necesitamos el marfil y tenemos que enviárselo a Kony’”.
Dijo en sus cuatro meses de cautiverio, antes de que escapara una noche que los rebeldes se emborracharon, los vio matar a diez elefantes, envolver los colmillos en sacos de tela y enviarlos a Kony en su escondite.
Otros desertores recientes dijeron que el grupo había matado, desde mayo, al menos veintinueve elefantes, para comprar armas, municiones y radios con las ganancias. Kony puede estar trabajando con comerciantes de marfil sudaneses. Un vendedor de marfil en Omdurman, Sudán, que vende abiertamente brazaletes y rosarios de marfil, y colmillos grabados, dijo que el Ejército de Resistencia del Señor era unas de las fuentes del marfil.
“El ERS también hace esto; así es cómo compran armas”, dijo el tendero con total naturalidad. Eso tiene sentido, dijeron funcionarios estadounidenses, dado las limitadas fuentes de ingreso de Kony.
Varios traficantes de marfil sudaneses dijeron que el marfil del Congo y la República Centroafricana se traslada por tierra cruzando la extensa región desértica de Darfur en Sudán y desde ahí a Omdurman, todo con ayuda de funcionarios sudaneses corruptos. Existe una trillada práctica en Sudán llamada “comprar tiempo”, que consiste en que los contrabandistas pagan a agentes de policía y guardias fronterizos por un periodo de tiempo específico para dejar que una caravana de artículos ilegales pasen sin problemas por los puestos de control.
Pero hay muchas rutas. En la costa este de África, la ciudad portuaria de Kenia, Mombasa, es un importante centro de transbordo. Se revisa una cantidad relativamente pequeña de contenedores en Mombasa, y el marfil oculto en envíos de todo tipo de cosas, como aguacates y anchoas. A veces vienen envueltos con chile, para despistar a los perros detectores.
En la costa oeste, en el Golfo de Guinea, “hay un fenómeno relativamente reciente de cazadores educados y bien armados que cargan su marfil en buques de pesca chinos”, dijo un alto funcionario estadounidense.
Funcionarios chinos rehusaron comentar cualquier aspecto del tráfico de marfil, y un representante del Ministerio de Silvicultura, que se ocupa del marfil, dijo: “En estos momentos, este es un tema muy delicado”.
Varios comerciantes de marfil sudaneses y funcionarios occidentales dijeron que las infames milicias janjaweed –la palabra significa jinete- eran responsables del asesinato de miles de civiles a principios de 2000, cuando en Darfur estalló el conflicto étnico. Funcionarios policiales internacionales dicen que los milicianos de Darfur mataron a miles de elefantes en África central en los ochenta. Ahora sospechan que cientos de milicianos janjaweed cubrieron más de mil kilómetros desde Sudán y fueron los que masacraron al menos a trescientos elefantes en el Parque Nacional Bouba Ndjida en Camerún en enero pasado, uno de los peores incidentes de matanzas de elefantes de los últimos tiempos.
En 2010, soldados ugandeses que buscaban a Kony en los bosques de la República Centroafricana, toparon con una caravana de marfil de los janjaweed. “Los tipos tenían cuatrocientos hombres, mulas, un gran campamento y montones de armas”, dijo un funcionario occidental. Estalló una batalla y murieron más de diez ugandeses.
“Esto simplemente muestra el poder de la caza ilegal”, dijo el funcionario.
Claramente son hombres de negocios los que están financiando estas enormes expediciones de marfil para financiar los conflictos, dicen funcionarios e investigadores occidentales.
“Este comercio no lo hacen aficionados”, dijo Hormats, el funcionario del Departamento de Estado. “Esto es del crimen organizado”.
Paul Elkan, director en la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre, dijo que los janjaweed operaban en toda África central en ambiciosas cacerías de elefantes que van mucho más allá de un montón de tipos a caballo. Tiene que ver con la inseguridad y el caos”.
Quizá ningún país de África sea tan inseguro como Somalia, que ha languidecido durante más de veinte años sin un gobierno central efectivo, engendrando militantes islámicos, traficantes de armas, transportistas de seres humanos y piratas modernos. El marfil se ha agregado a esta ilícita mezcla.
Varios líderes somalíes dijeron que Shabab, la organización militante islámica que juró lealtad a al Qaeda, empezó hace poco a adiestrar a combatientes para infiltrarse en la vecina Kenia y matar elefantes por su marfil para reunir fondos.
Un ex miembro de Shabab dijo que la organización estaba prometiendo “facilitar el mercadeo” del marfil y estimulan a los campesinos a lo largo de la frontera keniata-somalí a que les lleven los colmillos, que son entonces enviados a través del puerto de Kismayo, un notorio centro de contrabando y la última ciudad importante bajo control de Shabab.
“El negocio es riesgoso”, dijo Hassan Majengo, residente de Kismayo familiarizado con el comercio de marfil, “pero la ganancia es excepcional”.

“Dinero Fácil”
Esa ganancia no es desdeñable para los soldados en África central, que a menudo no reciben más que cien dólares al mes, si es que les pagan.
En Garamba, los guardabosques han arrestado a numerosos soldados del gobierno congoleño, incluyendo a algunos capturados con colmillos, trozos de carne de elefante y las boinas rojas utilizadas por la guardia presidencial.
“Algunos de nuestro ejército está implicados”, reconoció el mayor Jean-Pierrot Mulaku, fiscal militar congoleño. “Es dinero fácil”.
Soldados congoleños tienen una larga historia de violaciones y asesinatos de civiles y saqueo de recursos. Según un informe escrito en 2010 por John Hart, estudioso estadounidense y uno de los principales investigadores de elefantes en el Congo, los “militares congoleños están implicados en casi todas las operaciones de caza ilegal de elefantes”, convirtiéndolos en “los más importantes perpetradores de la matanza ilegal de elefantes en la República Democrática del Congo”.
Los guardabosques de Garamba y un agente de inteligencia del gobierno congoleño dijeron que ellos también frecuentemente pelean con el Ejército Popular de Liberación sudanés, las fuerzas armadas de Sudán del Sur. Un portavoz militar de Sudán del Sur rechazó la acusación, diciendo que “no tenían tiempo” para dedicarse a la caza.
El gobierno estadounidense ha proporcionado 250 millones de dólares en ayuda militar no letal a Sudán del Sur durante los últimos años. En mayo, los guardabosques de Garamba dijeron que habían disparado contra cuatro soldados de Sudán del Sur que fueron capturados con seis colmillos de elefantes. Los guardabosques dijeron que habían matado a un soldado, aunque no parecían pensar demasiado en ello.
“He matado a demasiadas personas como para contarlas”, dijo Alexi Tamoasi, un veterano guardabosques.
Pero la caza ilegal en helicóptero es algo nuevo.
Onyango dijo que la extraña posición en que fueron encontrados los elefantes, amontonados en círculos, con los cachorros en el medio para protegerlos, era otro indicio de que un helicóptero los había acorralado, porque normalmente los elefantes se dispersan al oír el primer disparo.
African Parks, la organización conservacionista de Suráfrica que administra Garamba, fotografió en abril un helicóptero de transporte militar Mi-17 volando bajo sobre el parque y dijo que había identificado el número de registro del helicóptero como de las fuerzas militares ugandesas.
El coronel Felix Kulayigye, portavoz de los militares ugandeses, reconoció que el helicóptero era de su país. Pero dijo que la acusación de estar cazando ilegalmente era un “rumor infundado” y que él sabía “absolutamente” que los miembros del Ejército de Resistencia del Señor eran “conocidos” cazadores en esa área.
John Sidle, un estadounidense de Nebraska que trabaja como piloto en Garamba, dijo: “Lo que me preocupa es que es probablemente el dinero de los contribuyentes estadounidense el que está pagando el combustible del helicóptero”.
En los últimos años, Estados Unidos ha pagado decenas de millones de dólares por el combustible y servicios de transporte para que el ejército ugandés cazara a Kony en África central, mientras adiestra a los congoleños y sudaneses del sur para que cooperen. Pero el Departamento de Estado declaró que no tenía evidencias de que los militares ugandeses fueran responsables de las matanzas de Garamba, ni sabía que alguno de los soldados africanos que daban caza a Kony estuviera implicado en la caza ilegal. No tocó la historia más amplia de la caza ilegal practicada por militares respaldados por Estados Unidos. En junio, 36 colmillos fueron requisados en el aeropuerto de Entebbe en Uganda. Dieciocho de los veintidós elefantes asesinados en Garamba en marzo eran adultos a los que les habían quitado los colmillos, lo que querría decir 36 colmillos. Los pequeños colmillos de marfil de los cachorros muertos no habían sido tocados.
En 1989, la Convención sobre el Comercio Internacional en Especies Amenazadas aprobó una moratoria sobre el comercio internacional en marfil de elefantes africanos, excepto en circunstancias muy inusuales. Nadie sabe cuántos elefantes se cazan ilegalmente al año, pero muchos importantes conservacionistas coinciden en “decenas de miles” es una cifra cercana a la realidad y que 2012 es probablemente peor que 2011.
La población total de elefantes en África también es un misterio. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, una red conservacionista global, calcula entre 462.269 y 689.671. Pero este cálculo se basa en datos de 2006. Desde entonces la caza ilegal ha aumentado considerablemente en todo el continente.
Algunos de los elefantes cazados ilegalmente hace poco fueron mutilados; les cortaron sus geniales y sus mamas, posiblemente para venderlos –algo que los investigadores dijeron que no habían visto nunca antes.
“Es muy inquietante”, dijo Iain Douglas-Hamilton, fundador de Save the Elephants, que declaró hace poco en una sesión del Senado sobre el marfil y la inseguridad.

“Como la Guerra de las Drogas”
Arranz, director de Garamba, parece fatigado. La historia está contra él. Garamba fue fundado hace más de setenta años, en parte para proteger al raro rinoceronte blanco del norte, de los que había aquí más de mil. Pero mucha gente en Asia cree que el cuerno molido de rinoceronte es una cura contra el cáncer y otras enfermedades, y se vende a casi treinta mil dólares la libra, más caro que el oro. En las últimas décadas, mientras el Congo se hundía en el caos, los cazadores ilegales de rinocerontes se habían trasladado a Garamba. Los rinocerontes blancos del norte del parque eran los últimos en el planeta, pero los guardabosques no han visto ninguno en los últimos cinco años. Garamba se enfrenta a un sinnúmero de retos, muchos de ellos relacionados con el absoluto fracaso del Congo mismo como estado. Algunos de los guardabosques cazan ellos mismos clandestinamente, matando a los animales a los que deben proteger, diciendo que sus salarios son demasiado bajos como para vivir.
“Tenía hambre”, explicó Anabuda Bakuli, un guardabosques encarcelado por matar a un antílope.
Tampoco ayuda que muchos guardabosques de Garamba sean, según sus propias confesiones, alcohólicos y que tienen deudas con un bar no muy lejos del parque. Onyango, el jefe, debe varios litros de cerveza en una sola sesión. Habla del “estrés”.
Las tasas de la caza ilegal en África central son aquí las más altas, en un cinturón de algunos de los países más difíciles del mundo. En Chad, jinetes fuertemente armados que muchos conservacionistas dicen que eran Janjaweed, mataron en apenas unos años tres mil elefantes.
Garamba llegó a tener más de veinte mil elefantes. El año pasado, quedaban cerca de dos mil ochocientos. Este año, quizá dos mil cuatrocientos.
Todas las mañanas, si está despejado, Arranz vuela sobre Garamba en una pequeña avioneta, el equivalente de un Mazda Miata con alas. La savana verde esmeralda se estira debajo de él, una vista impresionante al amanecer.
Pero el otro día, vio algo que le hizo arquear las cejas: buitres.
Al día siguiente, después de una caminata a través de la hierba crecida, el hedor se hizo intolerable y el aire resonaba con el chisporroteo de miles de moscas. “Caza ilegal”, dijo Arranz, mientras topaba con un elefante muerto al que le faltaba la cara.
Cerca de ahí estaban las cenizas de una pequeña fogata.
“Estos tipos estuvieron un tiempo aquí”, dijo. “Si fueron capaces de hacer esto por un elefante…” Su voz se apagó.
“Es como la guerra contra las drogas”, dijo más tarde. “Si la gente sigue comprando y pagando por el marfil, es imposible pararlo”.
[Isma’il Kushkush contribuyó al reportaje desde Omdurman, Sudán; Mia Li desde Pekín; y un periodista somalí desde Mogadishu, Somalia.]
21 de septiembre de 2012
4 de septiembre de 2012
©new york times
cc traducción @lisperguer

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