veterinarios y carreras de caballos

Posted on octubre 21, 2012 por

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[Estados Unidos] [La economía de las carreras de caballos choca con el juramento veterinario. Los veterinarios de los caballos de carrera son a la vez médicos y vendedores de medicamentos: mientras más medicamentos prescriban, más dinero ganan].

[Walt Bogdanich, Joe Drape y Rebecca R. Ruiz] Sólo después de que Bourbon Bandit se rompiera una pierna en una carrera en noviembre pasado, se enteró su propietaria, Susan Kayne, del alcance total de los fármacos que los veterinarios le habían dado en el Belmont Park en Long Island.
Hasta entonces, Kayne creía que Bourbon Bandit era “sano y fuerte”, porque eso era lo que le había dicho su preparador, dijo. Pero llegaron las nuevas cuentas del veterinario, que mostraban que el caballo había sido tratado regularmente con clenbuterol, un medicamento ampliamente empleado para problemas respiratorios que puede hacer músculos imitando a los esteroides anabólicos.
“Si el caballo está sano, ¿para qué necesita todos estos remedios?”, preguntó. “Nunca lo autoricé”.
Gene y Eileen Hartis dijeron que ellos también se habían horrorizado con la cuenta, de un veterinario de California, que mostraba que en 2010, en apenas tres meses, su caballo ganador, Princess Haya, había recibido fármacos contra el dolor, irritación e hinchazón 34 veces, así como siete dosis de clenbuterol.
“Es tan contrario a nuestra filosofía que se lo explicamos en detalle a nuestro veterinario y preparador”, dijo el señor Hartis.
Más que nadie en el deporte, se supone que los veterinarios de hipódromo ponen a los caballos primero, por haber jurado proteger “la salud y bienestar animal”.
Sin embargo, en las caballerizas de los hipódromos estadounidenses y en centros de preparación privados, los veterinarios de caballos de carrera se rigen a menudo por un código diferente –único en la comunidad de veterinarios-, que enfatiza el uso de fármacos para mantener corriendo y ganando a los caballos de carrera antes que tratar sus dolores o lesiones con descanso u otros medios menos agresivos, de acuerdo a decenas de entrevistas y una revisión de archivos médicos y administrativos.
Legalmente, sólo los veterinarios pueden recetar fármacos, pero a menudo delegan en preparadores, que son pagados para ganar carreras, la tarea de tomar decisiones médicas, incluyendo qué fármacos usar. Estos veterinarios también tienen un poderoso incentivo económico para recetar fármacos: son a la vez médicos y vendedores de fármacos, así que mientras más fármacos prescriban, más dinero ganan. De hecho, la venta y administración de fármacos les reporta la mayor parte de sus ingresos.
En contraste, los veterinarios que tratan a animales pequeños o mascotas ganan la mayor parte de su dinero con consultas médicas y otros servicios profesionales.
“¿Se sorprende alguien de que se critique a nuestra industria por usar fármacos en exceso?”, dijo Stuart S. Janney III, presidente del Comité para la Seguridad de los Purasangre del Jockey Club, una influyente organización del ramo.
Sin embargo, pese al temor de que la cultura de los fármacos se extienda en los hipódromos de Estados Unidos –especialmente con la llegada de casinos que ofrecen gordos premios-, se ha prestado poca atención a los veterinarios que recetan esos medicamentos.
La Asociación Americana de Practicantes Equinos, la organización veterinaria más influyente de la industria, reconoce que “en gran medida” los tratamientos médicos privilegian el momento en que los caballos corren antes que favorecer los intereses del caballo. Y aunque la organización se ha esforzado para hacer más seguras las carreras, ha hecho poco progreso en cuanto a cambiar el modo en que los veterinarios de caballos de carrera ganan su dinero.
“Esa es una nuez dura de romper”, dijo el doctor Jeff Blea, vicepresidente de la asociación. “Estamos hablando de modos de hacer las cosas que se vienen haciendo desde hace décadas y generaciones”.
Uno de los veterinarios hípicos más prominentes del estado de Nueva York, el doctor James C. Hunt Jr., dejó en claro sus lealtades en una carta a los reguladores, argumentando que los preparadores no deberían revelar sobre bases regulares los regímenes de medicación que utilizan.
“Los veterinarios deberían respetar este principio, porque son los preparadores sus verdaderos clientes, no los dueños”, escribió Hunt, que trató a I’ll Have Another cuando el caballo estaba entrenando para las Belmont Stakes después de ganar el Kentucky Derby y las Preakness Stakes este año. (Fue eliminado en vísperas de la carrera).
Hunt agregó: “La directiva también debe entender que los preparadores toman casi el cien por ciento de todas las decisiones veterinarias con respecto a la medicación de sus caballos”.
Blea está en absoluto desacuerdo con este enfoque. “Tienes que recordar que tú eres el veterinario”, dijo.
Aunque sedar a caballos de carrera con químicos prohibidos –por ejemplo, la potente secreción de una especie de rana sudamericana- es casi universalmente condenado, continúa el debate sobre la seguridad en el uso de fármacos legales que mantienen a los caballos compitiendo gracias a que reducen el dolor y la inflamación, así como fármacos terapéuticos como el clenbuterol que hace que los caballos corran más rápido.
Los inspectores de carreras dicen que dar medicinas en exceso a caballos lesionados puede contribuir a fracturas fatales. En promedio mueren veinticuatro caballos a la semana en los hipódromos regulados del país, de acuerdo a un análisis de archivos hípicos realizado en marzo por el New York Times.
Incluso así, la creencia de que los fármacos son buenos para los caballos y para los negocios se refleja en la ubicuidad de los veterinarios en los hipódromos.
En los años setenta, sólo siete u ocho veterinarios supervisaban las carreras en dos hipódromos de California del Sur. Hoy, funcionarios de California dicen que los vehículos de los veterinarios son tan numerosos en la parte de atrás que los preparadores se quejan de que tienen problemas para llevar a sus caballos a la pista.
Pocos disputarán que la gran mayoría de los veterinarios y preparadores se preocupan y cuidan intensamente a sus caballos y quedan emocionalmente devastados cuando estos se fracturan y deben sacrificarlos. Pero la presión para correr y ganar es muy fuerte. “He conocido a dueños que colocan a sus caballos con personas de las que saben que no respetan las reglas”, dijo Eric Reed, un preparador de Kentucky con más de trece millones de dólares en premios ganados en el hipódromo. “Si no puedes ganarles, únete a ellos”.
El Times informó que desde 2009, tres mil ochocientos caballos han dado positivo en control de fármacos, la inmensa mayoría de ellos por niveles ilegales de fármacos recetados. (Las normas del estado especifican los niveles permitidos de fármacos o hasta qué momento se les pueden administrar antes de una carrera). Muchos veterinarios y preparadores dicen que los resultados de estos controles son errores, no intentos de engaño. Sin embargo, los veterinarios que pueden haber jugado un papel, inadvertidamente o no, en esos controles positivos usualmente eluden una supervisión seria debido a la norma de responsabilidad del preparador, según la cual los preparadores son automáticamente responsables, independientemente de las circunstancias.
En los raros casos en que los veterinarios han sido excluidos de los hipódromos por violar las normas, pueden continuar con su práctica en privado, en centros de entrenamiento no regulados, si las comisiones veterinarias del estado no cancelan sus permisos.
Esta laguna regulatoria ha permitido que un veterinario de Nueva York trate a caballos en centros privados pese a una condena por vender esteroides anabólicos a levantadores de pesas y a que tiene todo un historial de violación de las reglas sobre medicamentos usados en carreras de caballos.
Aunque los veterinarios proveen valiosos servicios, “a veces se pasan de la raya”, dice Reed, agregando: “Si consultas con un buen veterinario con ética, tus caballos no van a correr muy bien”.

Fármaco Popular
Mucho tiempo después de que otro importante deporte prohibiera los esteroides anabólicos por sus efectos para los músculos, los veterinarios de hipódromo continuaron recetando los fármacos, diciendo que eso aceleraba la recuperación del caballo después de las carreras, aumentaba su apetito y lo dejaba en condiciones para volver a correr.
No todo el mundo aceptó esa explicación.
“Cuando observas el patrón de conducta y las cantidades que estaban usando, es difícil argumentar que los esteroides eran para la recuperación”, dijo Matt F. Iuliano, director ejecutivo del Jockey Club. “Estaban tratando de hacer un montón más que mantener a los caballos en buenas condiciones”.
La hípica prohibió los esteroides en 2010, pero otro fármaco –el clenbuterol, nombre de marca ventipulmin- también puede hacer músculos y tiene efectos estimulantes. Darrell Haire, gerente regional del Jockey’s Guild, dijo a los funcionarios de la comisión hípica de California que en los entrenamientos de la mañana, el clenbuterol “acelera al menos un segundo a los caballos”.
El clenbuterol está aprobado solamente para tratar enfermedades respiratorias, causadas a menudo por la mala calidad del aire en los establos, y muchos veterinarios y preparadores lo consideran muy efectivo. Pero las evidencias de un uso generalizado surgieron a superficie el año pasado cuando las autoridades de California informaron sobre el hallazgo del fármaco en todos los 72 caballos de cuarto de milla que habían analizado y en el 54 por ciento de los purasangre. Incluso los potros están recibiendo el medicamento para mejorar su apariencia y subir el precio de venta.
El clenbuterol se hizo tan popular que en California las ventas subieron al menos a siete millones de dólares al año. Los proveedores ilegales del potente clenbuterol, algunos provenientes de México, empezaron a dejarse ver en los hipódromos, de acuerdo a inspectores de California.
Jack Van Berg, preparador de Hall of Fame, dijo que los caballos jóvenes quedan “destrozados” con el uso de fármacos para hacer músculos. “El clenbuterol es una de las peores cosas que le pueden haber ocurrido a la hípica”, dijo en un foro este año.
Cuando no se usa según las indicaciones –en altas dosis o provenientes de un proveedor ilegal-, el clenbuterol puede matar a un caballo (ya lo ha hecho) y provocar toda una gama de problemas de salud.
El fabricante del medicamento, Boehringer Ingelheim, dice que el clenbuterol “debería ser suspendido” después de treinta días. “A largo plazo, empiezas a empujar al caballo a las fases iniciales de una insuficiencia cardiaca”, explicó Kenneth H. McKeever, director asociado de investigación en el Rutgers Equine Science Center. Pero muchos veterinarios no respetan las recomendaciones, muestran los archivos sobre tratamientos.
Scott Lake, un preparador que se ha destacado durante años por sus triunfos, es un desenfadado fanático del clenbuterol. “Yo uso un montón de clenbuterol en los caballos”, dijo en una entrevista televisada a principios de año, definiéndolo como un buen broncodilatador. También criticó a los inspectores por castigar a los preparadores cuando dan positivo en los controles de clenbuterol, debido a que el medicamento no es “extranjero”. Lake ha sido citado siete veces en cuatro estados tras haberse encontrado niveles ilegales de clenbuterol en sus caballos.
Debido al abuso de clenbuterol, varios estados, incluyendo California, han restringido su uso.
Eso no impedirá que se administre el medicamento a los caballos cuando entrenan, lo que podría tener efectos positivos cuando corren. McKeever dijo que aunque no conoce estudios que muestren cuánto duran los efectos esteroidales del medicamento, por observaciones personales sabe que los caballos lo resienten “hasta semanas después”.

El Tratamiento
El clenbuterol era uno de los medicamentos que preocupaba a Kayne cuando apareció entre los tres mil doscientos dólares de las cuentas veterinarias que llegaron inesperadamente después de que su caballo Bourbon Bandit se lesionara y fuera retirado de las carreras.
“Literalmente me he pasado todos los días de mi vida en compañía de purasangres”, dijo Kayne en una entrevista. “No tengo problemas en hacer correr a caballos grandes, sanos y fuertes. He pasado un montón de tiempo en Europa en los hipódromos y he visto los frutos de las carreras sin medicamentos”.
Las cuentas, dijo, mostraban que un veterinario que no conocía había comprado clenbuterol sin su autorización. Queriendo saber por qué, Kayne escribió al veterinario. Resultó ser Hunt, que tiene una de las consultas hípicas más grandes de Nueva York.
Hunt respondió diciendo que todos los procedimientos veterinarios “fueron hechos por instrucción de su agente y preparador autorizado”.
Kayne dijo que nunca había dado a su preparador, Bruce Levine, permiso para usar clenbuterol.
Así que contactó nuevamente a Hunt, preguntándole por el diagnóstico. Hunt dijo que otro veterinario, el doctor Gregory J. Bennet, había realizado un examen endoscópico que detectó una ligera inflamación de la garganta y “mucosidades en la tráquea, signos consistentes con una enfermedad inflamatoria de las vías respiratorias”.
Sin embargo, Bennet dijo que sus exámenes habían sido normales, de acuerdo a una carta que envió a la señora Kayne.
La asociación de veterinarios equinos dice que los tratamientos “deberían basarse en un diagnóstico específico y administrados en el contexto de una relación válida y transparente entre el dueño, el preparador y el veterinario”.
Bennett, que recetó los medicamentos analgésicos y antinflamatorios, dijo que por lo general receta los tratamientos a petición del preparador. “Usted debería preguntar a Bruce Levine sobre las inyecciones porque estas son parte de su programa de preparación de las carreras y se administran normalmente a todos sus caballos”, dijo.
Hunt y Bennet rechazaron ser entrevistados, lo mismo que Levine. Hunt está tratando de que se le paguen sus cuentas a través de un arbitraje, mientras que Kayne ha solicitado a la comisión hípica del estado y a la junta veterinaria que investigue el tratamiento al que fue sometido Bourbon Bandit.
Gene y Eileen Hartis, dueños de caballos de Texas, también se describen a sí mismos como “minimalistas cuando se trata de medicaciones”. “Nos oponemos a cualquier cosa que pueda enmascarar una lesión -para que el caballo pueda correr”, dijo el señor Hartis.
Su primera cuenta de un veterinario californiano fue de ocho mil quinientos dólares por tres meses. Todos los caballos que había enviado a su preparador eran sanos, dijo Gene Hartis. Incluso así, los caballos empezaron a recibir medicamentos sin permiso de los dueños “desde el momento que bajaron del remolque”, dijo. Dos caballos recibieron clenbuterol durante siete días, según muestran las facturas.
El veterinario, el doctor Keith Latson, no quiso hacer comentarios.
El doctor Rick Arthur, director medico equino para la Comisión de Carreras de Caballo de California, dijo que los veterinarios a menudo se encuentran a sí mismos en una posición insostenible: “La responsabilidad fiduciaria de los veterinarios es con los dueños, pero son los preparadores los que los contratan y despiden. ¿A quién tienes que responder?” Lo que es más, a menudo los preparadores conocen mejor a sus caballos que los veterinarios, porque pasan más tiempo con ellos.
Hong Kong, cuya hípica es considerada ampliamente como la más segura y estrictamente regulada del mundo, opera de otro modo. Los veterinarios son empleados directamente por el Hong Kong Jockey Club, que supervisa las carreras y tiene poder disciplinario.
Con este sistema, el clenbuterol no se puede administrar a un caballo que ha sido examinado endoscópicamente dentro de dos días de la prescripción, de acuerdo al director ejecutivo del club, William A. Nader. “Los médicos clínicos deben informar sobre todos los datos de relevancia clínica –con precisión y oportunamente”, agregó.

Un Punto Ciego
No tomó demasiado tiempo antes de que empezara a circular el rumor de que un fármaco barato y fácilmente asequible hacía correr más rápido a los caballos si se administraba poco antes de la carrera. Incluso mejor, los inspectores ni lo sospecharían.
El Día de los Inocentes en abril de 2011, los preparadores de carreras de trote lo probaron en nueve caballos de carrera. Todos terminaron en las primeras posiciones: ocho de ellos en primer lugar, uno en el segundo.
En doce días, con premios de hasta seiscientos mil dólares en las carreras de trote en Nueva York y Pensilvania, 36 de los 38 caballos que usaron el medicamento llegaron en primer o segundo lugar; 31 de ellos ganaron sus carreras.
Otra sorpresa fue el medicamento mismo, oximetazolina, un ingrediente de Afrin, un remedio para el resfriado que se vende libremente. La oximetazolina, que no está aprobada para ser usada en las carreras, estimula el sistema cardiovascular de los caballos cuando se administra en grandes dosis a través de una máscara de inhalación.
Algunos de los caballos dopados compartieron más que los premios en dinero. También compartieron a algunos veterinarios, entre ellos al doctor Louiss A. Grasso, de acuerdo a los archivos de la comisión hípica de Nueva York.
Además de su condena por vender esteroides a levantadores de pesas, Grasso perdió su licencia hípica para el estado de Nueva York por administrar medicamentos a los caballos poco antes de correr y por firmar formularios de lesiones en blanco.
En 2000, las autoridades de Delaware sospechaban de que estaba tratando a caballos sin contar con la licencia del estado, pero cuando trataron de detenerlo, Grasso escapó a través de caminos secundarios del condado de New Castle. Cuando finalmente lo alcanzaron, los agentes encontraron agujas, jeringas y dos medicamentos prohibidos en su vehículo. Finalmente se declaró culpable de resistirse al arresto.
Aunque la Junta de Carreras y Apuestas de Nueva York despojó a Grasso de su licencia para practicar en hipódromos, no tiene autoridad sobre sus actividades en otros lugares.
La junta de carreras también informó sobre su conducta a la junta veterinaria del estado, que podría prohibirle que practicara en el estado. Pero no lo ha hecho, lo que permite que Grasso pueda trabajar en cualquier otro lugar, excepto los centros de entrenamiento.
Lo que es más, Nueva York es uno de los pocos estados que permite que los inspectores fiscalicen el uso de fármacos ilegales en centros de entrenamiento privados. Cuando la junta de carreras trató de implementar controles fuera del contexto de las carreras, una organización de jinetes entabló una demanda en tribunales en 2011 y paralizó los procedimientos.
Como resultado, dijo el doctor George A. Maylin, que dirige el programa de control del estado, no hay un modo efectivo para detectar todos los fármacos que aumentan el rendimiento de los animales. Los caballos pueden ser dopados en los centros de entrenamiento y luego enviados a los hipódromos. “Los medicamentos se usan durante semanas de antelación, y los positivos serán sólo errores y torpezas”, dijo Maylin.
Indiana, que tiene uno de los programas de control más comprehensivos del país, descubrió el año pasado que cuatro caballos de carrera habían sido administrados ilegalmente con zilpaterol, un complemento dado al ganado para aumentar su volumen. Joe Gorajec, director ejecutivo de la Comisión Hípica de Indiana, dijo que la incapacidad de la industria para implementar control fuera del contexto de las carreras había creado un importante “punto ciego”.
Joseph S. Anderson, un preparador cuyos cinco caballos dieron positivo por oximetazolina el año pasado después de que el estado empezara a realizar controles después de las carreras, mantenía a sus caballos en uno de los centros de entrenamiento donde trabaja Grasso, al norte de la ciudad de Nueva York. Anderson dijo a los investigadores que compró su mezcla de nebulizador a sus dos veterinarios –uno de ellos Grasso, según muestran los archivos. El régimen de nebulizador “es bastante común en los establos”, dijo Anderson.
El preparador fue suspendido y multado. Graso sigue estando fuera del alcance de los inspectores.
Grasso, en una entrevista, acusó a los inspectores de llevar una vendetta contra él y su familia. “Cualquier cosa mala que pasa en las carreras me la atribuyen a mí”, dijo. Afrin, dijo, ha sido usado durante largo tiempo en terapias para caballos de trote y purasangres y nunca ha aparecido en resultados positivos.
Aunque reconoce los errores del pasado, Grasso dijo que trataba bien a los caballos. “Los veterinarios en el terreno están para ayudar a los caballos, no para hacerles mal”, dijo. “Probablemente son los únicos que piensan en el bienestar de los caballos”.
Después de repetidas preguntas del Times sobre el tratamiento del caso de Graso, la Oficina de Disciplina Profesional del Departamento de Educación del estado, que supervisa la Junta Veterinaria, emitió una declaración que dice, en parte, que “recientemente hemos tomado algunas medidas para que la Junta de Carreras y Apuestas comparta los datos sobre la revisión de las prácticas de los médico-veterinarios en los hipódromos”.
Las juntas veterinarias del estado rara vez castigan a los veterinarios que violan las reglas hípicas. En Nueva York, sólo dos de las 125 acciones disciplinarias de los últimos diez años afectan a veterinarios equinos, según concluyó el Times.
“Perder la licencia para trabajar en las carreras no es un disuasivo suficiente”, dijo Edward J. Martin, presidente de la Asociación Internacional de Comisarios de Carreras, una organización gremial. “Creemos que perder la licencia veterinaria sería un buen disuasivo. Hay una laguna en las normas y debe ser rellenada”.
En Kentucky, a Rodney J. Stewart le suspendieron su licencia de carreras en 2007 después de que llevara veneno de cobra, un agente prohibido que alivia el dolor, al recinto del hipódromo de Keeneland. Stewart conserva su licencia veterinaria.
En 2010, el doctor Phillip R. Kapraun, de Illinois, también conservó su licencia veterinaria después de que fuera multado por llevar veneno de serpiente al Balmoral Park, al sur de Chicago.
En una entrevista, Kapraun dijo que había administrado veinte mil dosis de la substancia a caballos en el curso de varios años y continuó haciéndolo en recintos fuera de los hipódromos, argumentando que cura las lesiones a los tendones rápidamente y sin correr riesgos. Reconoció que un caballo puede sentir los efectos incluso meses después de una carrera. “La economía de las carreras de caballo no permiten eso. Las carreras están en declive. Si la curación de un caballo demorara un año, el caballo terminaría en algún matadero en Canadá o México”, dijo.
Las juntas veterinarias pueden mostrarse reluctantes a imponer castigos, dijo el doctor Larry R. Bramlage, un prominente cirujano equino. “La junta regulatoria del estado”, dijo, “está formada en su mayor parte por miembros inactivos de la profesión, y no les gusta perjudicar a uno de los suyos”.
E incluso si las juntas se inclinan a disciplinar a practicantes descarriados, pueden no saber nada de las violaciones. Los veterinarios han planteado objeciones a que las juntas del estado revisen las prácticas en los hipódromos, diciendo que son sus colegas los que deberían revisar primero esas prácticas.

Cambio de Actitud
Hace veinte años, un próspero veterinario de California, el doctor Gregory L. Ferraro, sorprendió a sus colegas cuando condenó públicamente la cultura de los fármacos que había ayudado a crear.
Seis años después, dejó la práctica en el hipódromo con más de dos millones de dólares en cuentas anuales, la mayor parte por fármacos y otros tratamientos.
“Los últimos cinco años de mi práctica dejé que dos jóvenes asociados se ocuparan de los demás asuntos de mi consulta mientras yo me ocupaba solamente de los enfermos y los cojos”, dijo Ferraro. “No pude seguir aguantando”.
Ferraro, que ahora dirige el programa de salud equina en la Universidad de California en Davis, recuerda que fue el primer veterinario en su hipódromo en usar un endoscopio de fibra óptica, un tubo flexible que puede escudriñar en las vías respiratorias de un caballo y detectar fácilmente pequeñas cantidades de sangre. Realizó un estudio para ver cuán a menudo se encontraba sangre. Y aunque las cifras no eran muy abundantes, dijo, el medicamento furosemida parecía ayudar.
La mayoría de los inspectores dicen que la furosemida, un diurético que se vende bajo el nombre comercial Salix, aumenta el rendimiento extrayendo entre diez y trece litros de agua de un caballo. Ahora prácticamente todos los caballos en Estados Unidos, lo necesiten o no, son inyectados con furosemida en sus cogotes varias horas antes de las carreras.
Ferraro se puso a la vanguardia de los veterinarios que fomentaban el uso generalizado de la furosemida y otros medicamentos terapéuticos nuevos, como la fenilbutazona, usada contra la inflamación y el dolor. Estos medicamentos, creía, podían hacer más seguras y humanas las carreras.
Pero con el tiempo, dijo, se dio cuenta de que los veterinarios estaban usando los medicamentos simplemente para mantener corriendo a los caballos, no para tratar sus enfermedades.
“Llega un momento en que en la carrera de un caballo, tienes que decir: ‘Es suficiente. Lo estamos poniendo en peligro’”, dijo Ferraro. “No hay muchos veterinarios que estén dispuestos a hacer eso”.
Las autoridades hípicas en Europa y Hong Kong no permiten que se inyecten fármacos a los caballos que van a competir. En Estados Unidos, muchos veterinarios, preparadores y dueños rechazan intensamente esa posición. La furosemida misma es segura, dicen, y no usarla pondría en peligro la salud de un caballo.
En julio, Kent H. Stirling, presidente del comité de medicaciones de la National Horsemen’s Benevolent and Protective Association, dijo ante una comisión parlamentaria que los caballos en entrenamiento sacaban provecho de la medicina terapéutica de la misma manera que la gente usaba la aspirina para “aliviar los dolores musculares”.
“No estamos en Europa, donde los caballos pasan medio año comiendo hierba en los potreros”, dijo Stirling en una entrevista en marzo. “Los dueños quieren recuperar sus inversiones y los preparadores deben mantener a los caballos en buenas condiciones”. Stirling dijo que si un caballo tiene una lesión persistente, no es “bueno para el caballo” que el preparador no lo trate.
La doctora Mary Scollay, veterinaria jefe de la Comisión Hípica de Kentucky, dijo que la fenilbutazona y la banamina, otro antinflamatorio, no son lo mismo que la aspirina y otros remedios que se venden libremente.
“Hay medicamentos para los que necesitas una receta y son más potentes y administrados en dosis mayores que los que se venden en las droguerías”, dijo Scollay.
Tracy Farmer, criador y propietario de toda la vida que también es vicepresidente de la comisión hípica de Kentucky, dijo que el uso indiscriminado de medicamentos ha perjudicado a la hípica. “Mira solamente la cantidad de contendientes en el Derby de Kentucky de este año que quedaron fuera por lesiones o que fueron retirados para servir como sementales”, dijo Farmer.
Esto ocurre prácticamente todos los años, agregó. “Para cuando se celebra la Copa de Criadores, la mayoría de las estrellas de la Triple Crown están fuera de combate, privando al deporte de héroes como Seabiscuit y John Henry”.
Ferraro dice que él y otros veterinarios comparten responsabilidades por convertir a los caballos de carrera en mercancías.
“Tomamos una cosa bella y noble y lo echamos a perder”, dijo. “Los caballos son demasiado buenos como para ponerles un precio. Algunas cosas deberían ser sagradas”.
[Dara Miles, Laura Dodd y Rebecca Teitel contribuyeron al reportaje.]
21 de octubre de 2012
22 de septiembre de 2012
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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