campaña de hostilidad contra los perros

Posted on noviembre 14, 2012 por

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[Una serie de editoriales de la cadena de prensa El Mercurio reitera campaña de hostilidad contra los perros en situación de calle en todo el país. Ahora atacan desde Arica.]

[Claudio Lísperguer] Estrella de Arica dedica su editorial del 12 de noviembre al tema de los perros en situación de calle como parte de lo que no puede ser definido de otra manera que como una permanente campaña de desinformación sobre el asunto, de modo similar a como lo viene haciendo, también desde su editorial, el Mercurio de Valparaíso.
Empieza con una afirmación totalmente descabellada, sin informar a los lectores dónde la obtuvo el editorialista: que en Chile hay cuatro millones de perros vagos. Si se considera que las estimaciones más serias sobre la población de perros vagos en Santiago, que con casi siete millones de habitantes es la ciudad más grande del país, no superan los cien mil perros vagos o perros sin dueño en situación de calle, la cifra de cuatro millones de perros vagos es tan absurda que no sabe uno si provoca indignación o risa. En estimaciones de la población de perros vagos en Santiago en 2007 sólo se calculaba que llegaban a 56 mil. En Valparaíso el número de perros vagos es igualmente ínfimo en relación con la población humana y canina total.
Enseguida, como hace El Mercurio de Valparaíso, vuelve a insistir sobre el presunto peligro que representan los perros callejeros, que atacarían a humanos, “en ocasiones con graves consecuencias, especialmente cuando las víctimas de las agresiones son niños”, pero calla cuatro hechos fundamentales relacionados con el tema de las agresiones caninas: a) que la inmensísima mayoría de los ataques contra humanos los protagonizan perros con dueño, perros de patio o perros con funciones de guardia, en cifras que oscilan entre un setenta a más del noventa por ciento de los casos reportados en partes médicos y policiales; b) que la inmensa mayoría de los ataques ocurren consecuentemente en domicilios o en sus cercanías; c) que prácticamente la mitad de los ataques caninos son provocados por agresiones o torpezas previas de humanos, y d) que los perros en situación de calle suelen ser pacíficos y sólo en casos muy excepcionales atacan a humanos.
Considerando estos hechos, exagerar el peligro que representan los perros vagos para los humanos es derechamente una necedad, pues es mucho más peligroso, de mayor connotación social y de consecuencias médicas más graves el hecho de que los dueños de perros no dejan el adiestramiento de sus perros de guardia en manos de profesionales o, al contrario, los adiestran para convertirlos en perros bravos, manteniéndolos en una situación permanente de estrés, mal alimentados y maltratados, en la creencia de que son así mejores guardianes.
La única propuesta de solución atendible es obligar a los dueños a contratar los servicios de profesionales para adiestrar a sus perros con funciones de vigilancia y custodia de la propiedad, para que la defensa del territorio asignado no termine en ataques violentos o mortales contra los intrusos, y castigar con más severidad –vale decir, con penas de cárcel- a los dueños que torturan a sus perros para embravecerlos.

Menciona seguidamente el editorialista el presunto peligro de las enfermedades transmitidas por perros a humanos, especialmente la rabia, para agregar de inmediato que esta se encuentra erradicada en el país. Pero abre las puertas a la irracionalidad cuando agrega: “Pero nunca se sabe cuando puede reingresar, particularmente en las zonas fronterizas”. Si el editorialista no quiere con esta frase absurda sugerir que los perros rabiosos podrían provenir de Bolivia y Perú, no se entiende para qué la habrá escrito. Es una idea simplemente ridícula y no tiene otro fin aparente que crear un clima de temor y hostilidad hacia los perros, y contribuir a la xenofobia chilena.

En esta seguidilla de afirmaciones extravagantes agrega otra más cuando dice que los perros vagos “actúan como reservorios móviles” de garrapatas, las que pegarían a los otros perros, los con dueño. Esta creencia carece de todo fundamento. Además, ¿dónde se contagiarían los perros con dueño –de raza, quiere decir- si sus dueños no los sacan a la calle a socializar con la quiltrería? No queda más que suponer que el editorialista no sólo no sabe nada sobre las garrapatas, sino que además no sabe lo que es una casa con patio.

Como en un editorial de El Mercurio de Valparaíso mencionado antes, pareciera que esta empresa quiere preparar el terreno para reintroducir sea las espantosas matanzas de perros, sea los caniles de encierro permanente con que las autoridades pretendían en el pasado terminar con lo que ven como el problema de los perros vagos. La primera estrategia es simplemente inútil. Eliminar a los perros de la calle no es solamente inmoral, sino además un delito, y una opción totalmente inútil, habida cuenta que sólo ataca los síntomas y no el origen de los perros vagos, que es exactamente el mismo que el de los perros con dueño: los criaderos comerciales de mascotas. Si queremos ver menos perros en las calles no ha de ser por otros motivos que rescatarlos de la situación de abandono y desamparo en que se encuentran, y por ello la única solución humanamente razonable es su tránsito hacia hogares adoptivos. Probablemente las familias adoptarían más perros de refugio si las autoridades y otras instituciones (como iglesias y escuelas) fomentasen más activamente la adopción de perros abandonados o perdidos e impusieran restricciones o restringieran o prohibieran la cría comercial de mascotas, que es donde en última instancia vienen todas, y prohibieran igualmente que las empresas regalen cachorros a sus clientes por el motivo o las condiciones que sean.
Habría también menos perros en las calles si se deja de pretender que estos son todos abandonados y que muchos, quizá la mayoría, de los que están hoy en situación de desamparo son en realidad perdidos y pertenecen a familias que por razones diversas dejaron de buscarlos. Las municipalidades debieran implementar programas que faciliten mediante sistemas de alerta temprana la búsqueda y rencuentro familiar. Algunas municipalidades que han implementado programas –a menudo páginas web- para facilitar la búsqueda del can perdido y devolverla a su familia humana, han tenido éxitos notables que no deben ser ignorados –como en Las Condes y Ñuñoa, en Santiago.

Asombra la mala fe o la ignorancia desde la cual los editorialistas de El Mercurio suelen definir y abordar el tema de los perros vagos. El problema de los perros vagos, como les gusta decir a algunos, no es que ataquen y muerdan a los niños y adultos que los patean y maltratan, ni que dejen fecas en el suelo en espacios públicos ni que eventualmente pudieran transmitir a la población humana alguna enfermedad erradicada, sino que son personas animales en situación de desamparo, que pasan hambre y sed, que corren riesgo de ser atropellados y arrollados, que están expuestos a la violencia humana, que pueden enfermar por contagio, que siendo animales sociales como los humanos viven una dolorosa e inmerecida soledad. Su lugar no es la calle, sino la familia humana, que es la única que tienen. Y nuestro deber siempre urgente es procurar su rencuentro con sus familias humanas o su adopción por nuevas familias humanas.
[La foto viene del blog de Gonzalo Celis.]
lísperguer