el fin de un criadero de ostras

Posted on diciembre 9, 2012 por

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[Felicity Barringer] [Después de prolongado debate sobre daños ambientales, el Ministerio de Bienes Nacionales pone fin a criadero de ostras que operaba en territorio ocupado por focas.]

El secretario de Bienes Nacionales, Ken Salazar, puso fin el jueves a una larga y encarnizada disputa que opuso a defensores de la vida silvestre y partidarios de un criadero de ostras en California del Norte, al anunciar que el permiso otorgado por el Point Reyes National Seashore al criadero terminaría el viernes, tal como se había determinado originalmente. Un estuario conocido como el Drakes Estero, donde la empresa de ostras operó durante los últimos cuarenta años, será un área de vida silvestre administrada federalmente.
Salazar explicó en una declaración: “Estamos dando el último paso para reconocer como área silvestre este prístino territorio”. El Ministerio de Bienes Nacionales ha dado al criadero un plazo de noventa días para poner fin a sus operaciones.
Más de diez años después de que se creara el parque en Point Reyes en 1962, el Congreso determinó que parte de este fuera designado como área silvestre; la sección incluyó al Drakes Estero, un rico estuario marino de mil hectáreas que es el hogar de decenas de focas. El criadero de ostras es la fuente de prácticamente el cuarenta por ciento de las ostras de California y forma parte de una red gastronómica local que ha convertido a la zona del condado Marin en la meca de los que prefieren los productos locales.
En 2004, el criadero de ostras cambió de dueño, y el permiso fue traspasado a la Drakes Bay Oyster Company, que es gestionada por un empresario de la localidad, Kevin Lunny.
Lunny fue notificado de que el permiso terminaría este año, pero hace uno seis años dijo que esperaba que el permiso fuera prolongado.
En los años siguientes, científicos del personal del parque cuestionaron el historial ambiental del criadero, y fueron a su vez acusados de torcer sus conclusiones para retratar al señor Lunny como un saqueador del ecosistema.
En una entrevista el jueves, Lunny dijo: “Estamos tratando de superar la devastación, la sorpresa y la desilusión. Tener que entregar este mensaje a nuestro personal está más allá de lo imaginable. Tener que decirles que van a perder sus trabajos y sus casas”. Dijo que cerca de quince de los treinta trabajadores del criadero vivían con sus familias en el sitio.
El ministerio indicó que haría lo que pudiera para “ayudar a los empleados que pudieran verse afectados por esta decisión”, pero no hay ninguna disposición para que Lunny reciba alguna indemnización.
Tres organizaciones ambientalistas –el Sierra Club, la Federación Nacional de Vida Silvestre y la Asociación para la Conservación de Parques Nacionales- elogiaron inmediatamente la decisión. En una entrevista, Neal Desai, representante de la Costa Oeste de la Asociación para la Conservación con sede en Washington, dijo: “Este es un gran regalo que ha hecho el ministro a la ciudadanía”.
Aunque el tema fue siempre si extender o no el permiso, en los últimos años el debate paralelo sobre el servicio científico del parque ocupó el centro de la atención.
El servicio del parque tuvo que echar marcha atrás en algunas de sus conclusiones iniciales sobre el daño ambiental, y sus subsecuentes proyectos científicos fueron controlados por cientistas externos que detectaron importantes deficiencias. Repetidas pesquisas confirmaron muchas de esas deficiencias, pero no confirmaron nunca que los científicos del parque hubieran incurrido en prácticas reñidas con el método científico.
El memorando que apoya la decisión del ministro restó importancia a los temas científicos, diciendo que las declaraciones sobre el impacto ambiental que fueron revisadas por científicos y que recomendaron terminar con el permiso habían sido útiles, pero de ningún modo fundamentales para tomar la decisión.
9 de diciembre de 2012
30 de noviembre de 2012
©new york times

cc traducción c. lísperguer