fricciones por los lobos

Posted on febrero 10, 2013 por

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[Greendale, Wisconsin, Estados Unidos] [A medida que aumenta el número de lobos, también aumentan las fricciones entre guardabosques y cazadores.]
[Steven Yaccino] Cuando personas como Nancy Jo Dowler empezaron a criar lobos aquí hace algunas décadas, los animales eran raros en Wisconsin y casi extintos en el resto del país.
La Timber Wolf Preservation Society en Glendale, Wisconsin, vende chapas con fotos de algunos de los lobos que está criando.
Ahora la presidente de la Timber Wolf Preservation Society, la señora Dowler, 66, se encarga de cinco purasangres adultos. Los alimentó con biberón cuando eran cachorros y aúlla con ellos cuando pasan sirenas. El otro día le dio a uno de ellos una pastilla de menta a través de un hoyo en la valla, pasándola directamente de sus labios a los de él.
Su historia parece un cuento de hadas en comparación con las trifulcas jurídicas que ocurren más allá de esos caniles. Fuera, Wisconsin lleva tres semanas de su primera temporada de caza del lobo, autorizada en abril por la legislatura del estado. Minnesota debe empezar su primera temporada oficial de la caza del lobo este fin de semana.
La legalización de la caza del lobo en ambos estados fue ideada para controlar la población lobuna que empezó a recuperarse después de que el gobierno federal sacara a la especie de la lista de especies en peligro en la región el año pasado. Las dos temporadas de caza provocaron demandas de organizaciones locales y nacionales de defensa de los derechos animales que temen que se estropee el trabajo de casi cuatro décadas para recuperar una cantidad saludable de lobos.
“Como país, hemos invertido un montón para protegerlos”, dijo Wayne Pacelle, presidente de la Sociedad Protectora de Animales de Estados Unidos, que anunció en octubre una demanda contra el Servicio de Pesca y Vida Silvestre federal para reinstalar las protecciones para los lobos. “Estos planes en Wisconsin y Minnesota son draconianos, severos e injustificados, y creemos que pueden poner en peligro la salud y viabilidad de esta población”.
Desde que empezara la caza del lobo el mes pasado, al menos 42 han sido matados en Wisconsin. En total, los funcionarios esperan que seiscientos lobos mueran a manos de los cazadores y tramperos de los dos estados antes de la primavera.
En el pasado los lobos eran tan numerosos en Estados Unidos que rancheros y agencias del gobierno pagaban a la gente por matarlos. Para cuando la Ley de Especies en Peligro de Extinción empezó a proteger a los lobos en 1973, estaban cerca de la extinción en los 48 estados contiguos. Hoy, la población de lobos ha crecido a cuatro mil y excedido los objetivos de recuperación en el área occidental de los Grandes Lagos, de acuerdo a cálculos federales.
Pero algunas de esas manadas han empezado a ocasionar problemas para los rancheros en el norte de Wisconsin y han costado al estado cientos de miles de dólares en pagos por rembolso de ganado [dinero que reciben los ganaderos por cabeza de ganado perdida por acción de los lobos], dijeron funcionarios del Departamento de Recursos Naturales de Wisconsin. “Sin controles, lo que hemos visto en el estado es la sensación de que tenemos que hacerlo por la gente que se siente frustrada”, dijo Kurt Thiede, director del programa de control de la vida silvestre de la agencia.
Después de que la legislatura de Wisconsin aprobara la caza del lobo, que termina el 28 de febrero, más de veinte mil personas han solicitado el permiso exigido. El estado otorgó 1.160 permisos y fijó la cosecha de este año en 201 lobos, lo que es casi el cuarto de la actual población de lobos.
En Minnesota, se otorgaron casi 3.600 permisos para cazar 400 lobos, lo que reduciría la población de lobos del estado en casi un quince por ciento.
“No hay mucha gente que tenga uno colgando en el living”, dijo Timothy Mueller, un cazador de Silver Cliff, Wisconsin. Él, como otros con un permiso para cazar lobos, estaba esperando el invierno porque las pieles serán más gruesas y la nieve hará más fácil seguir a los animales.
Sin embargo, algunos cazadores que en el pasado hablaban con orgullo sobre esta rara oportunidad ahora preferirían mantener en privado sus aventuras. Varios de ellos se negaron a hablar sobre la controversia debido a informes de amenazas contra el cazador que fue el primero en inscribirse para obtener un permiso de caza en el estado.
“Hay un montón de testimonios sobre lo fácil que es y el sinsentido de la matanza”, dijo Scott Meyer, un cabildero de los United Sportsmen de Wisconsin. “Cuando ves el terreno y la geografía de todo, entiendes que la ventaja la tiene el lobo”.
Las organizaciones de derechos animales sienten poca simpatía por los cazadores. Argumentan que las cuotas de caza del estado no toman en cuenta otros modos de atrapar lobos, como la caza furtiva y las colisiones vehiculares y la eliminación de animales por parte de granjeros y ganaderos que protegen su ganado. Esas causas ocasionales, dicen, podrían poner de nuevo en peligro a las poblaciones animales.
El 15 de octubre, el día que empezó la temporada de caza del lobo en Wisconsin, dos organizaciones nacionales –la Sociedad Protectora de Animales y el Fund for Animals- presentó una notificación de sesenta días de su intención de demandar al gobierno federal para que restaure las protecciones del lobo.
Además, las organizaciones de protección animal de Wisconsin entablaron una demanda para prohibir el uso de perros en la caza del lobo, método que califican como cruel. Activistas en Minnesota también iniciaron acciones legales contra su estado en un intento de detener su temporada de caza, que se extiende del 3 de noviembre al 31 de enero. Y las tribus chippewa de Minnesota han prohibido la caza del lobo y su captura mediante trampas en las tierras de su reserva.
“No quieren saber nada sobre el equilibrio en la naturaleza”, dijo Dowler, que critica a los cazadores por matar a los animales de cuya protección se ha encargado durante años. “La gente o los quiere o los odia. Hay poca gente en el medio”.
10 de febrero de 2013
2 de noviembre de 2012
©new york times
cc traducción @lisperguer