abramos los mataderos

Posted on abril 15, 2013 por

1


[La industria ganadera debería instalar cámaras web en los establos de cría intensiva y en mataderos para reducir el maltrato animal en esas instalaciones, propone el autor. En realidad, la solución es simplemente dejar de comer carne. Ya no posible seguir pensando en que nuestra necesidad justifica la barbarie: hay muchas fuentes de alimentación alternativas.]

[Jedediah Purdy] En 1999, como escritor para The American Prospect, fui a trabajar de manera encubierta a un matadero, con la ayuda de algunos empleados rebeldes. El suelo estaba cubierto por una gruesa capa de residuos de sangre y sebo, y olía fuerte. Una parte de mi cerebro pasó todo el tiempo tratando de recordar a qué círculo de Dante se parecía esta escena.
Hoy, con leyes impulsadas por intereses comerciales, ese pedazo de aventura periodística podría ganarme una sentencia en un tribunal y hacerme aterrizar en el registro de “terroristas animalistas y ecológicos”. Las llamadas leyes ag-gag, propuestas o implementadas en cerca de una docena de estados, convierten, o podían convertir en criminales a los activistas animalistas que tomaban fotos o filmaban vídeos encubiertos sobre las condiciones de vida en granjas industriales y mataderos. Algunos incluso clasificarían a los activistas como terroristas.
La industria de la agricultura dice que las imágenes son injustas. Parecen mostrar la crueldad y brutalidad, pero el ojo también puede engañar. El modo más humanitario de faenar a un animal, o de tratar a uno enfermo, puede parecer horrible. Pero también lo parecen las cirugías a corazón abierto. El problema con argumentar desde un punto de vista moral que apela a la repulsa es que algunos de los actos buenos e indispensables también pueden ser repulsivos. Con espeluznantes tomas de cadáveres, un amateur habilidoso podría montar un caso muy potente emocionalmente utilizándolas la enseñar anatomía en la facultad de medicina.
Además, dice la industria, los activistas son invasores de morada, o, cuando son empleados en actividades encubiertas por una organización animalista o de prensa, están superando las condiciones de sus empleos. Los mataderos y las operaciones de alimentación estabulada pueden ser lugares peligrosos. Aunque la industria ciertamente exagera los riesgos, las acciones de guerrilla no son el modo más seguro ni mejor de espolonear la reflexión sobre cómo tratamos a los animales.
La honestidad y la seguridad son problemas reales. También lo es la transparencia, y es la razón por la que deberíamos exigir que en las operaciones de alimentación estabulada y mataderos se instalen webcams en fases clave de sus actividades. Incluir el URL del vídeo en la bandeja. No habría ninguna necesidad intrusiones humanas en sitios peligrosos. Ni ángulos engañosos ni escalofriantes ediciones de activistas. Simplemente los hechos visuales. Si los operadores creen que su trabajo es mal utilizado, podrían agregar cámaras para obtener tomas más completas.
Hay modelos para este tipo de exigencias diurnas. Durante un par de décadas, las leyes federales han exigido que las plantas químicas revelen detalles de sus emisiones tóxicas al público. La mayoría de los investigadores están de acuerdo en que el bochorno y la presión pública han reducido la polución, sin regulaciones adicionales.
Al principio, la transparencia sólo importaría para las opciones del consumidor. Las fotografías podrían convencer a algunas personas de que dejaran de comer carne, o que la compraran en fuentes más humanitarias. Por supuesto, cambios en opiniones personales a menudo se traducen en un ampliado debate público. La gente que empieza cambiando lo que come podría terminar apoyando leyes a favor de un trato más humanitario de los animales de granja.
Leyes para abrir los mataderos no tendrían que pasar por las legislaturas de los estados, donde los grupos de presión de agricultores son fuertes. En algunos estados, las votaciones podrían cambiar la información sobre el medio ambiente de todo el mundo. Si, digamos, California instala webcams en los mataderos, el discurso público en otras partes podría cambiar.
Las cámaras de los mataderos podrían parecer injustas a los operadores. Las imágenes todavía pueden apelar a la emoción y a una rápida repulsa visceral, lo que es justo. Pero no vamos a decidir cómo deberíamos tratar a los animales solamente desde la fría razón, y ciertamente no si el modo en que se les trata es invisible.
La respuesta emocional es parte de un razonamiento moral, y en este caso necesitamos más información, no menos. Las imágenes deben ser complementadas con estudios neurológicos y otros intentos de entender qué es el sufrimiento animal –por ejemplo, si los mamíferos sufren traumas cuando son confinados y expuestos al sacrificio. Pero las imágenes deberían motivarnos a hacer las preguntas correctas.
Los opositores podrían comparar esta propuesta con proyectos que exigen que las mujeres observen las imágenes de su feto antes de abortar. La semejanza es engañosa. Esas leyes violan las decisiones íntimas a menudo difíciles que involucran un derecho constitucional.
En contraste, las leyes sobre el matadero abierto no obligarán a nadie a observar nada. Simplemente aumentará nuestros recursos para pensar y argumentar. Un adolescente que discute con sus padres durante la cena, o un parroquiano discutiendo sobre la ética de comer carne con otros miembros de la iglesia, podría recurrir a su celular o a su laptop para apoyar sus argumentos.
Durante diez años antes de infiltrarme en el matadero, yo ayudaba a faenar ganado en la pequeña granja en Virginia del Oeste donde crecí. Todavía no sé lo que significa, moralmente, cuando se pone fin a la vida de un animal para nuestro sustento, o simplemente porque nos encanta la carne de hamburguesa de animales alimentados con hierbas. Partidarios de las leyes ag-gag tienen razón en que el que trato que damos a los animales es un problema grave que es divisivo –y a menudo nos deja internamente divididos- y demasiado a menudo simplificado. Pero si los partidarios de estas leyes son sinceros en cuanto a esos temores, deberían estar de acuerdo en hacer transparentes las operaciones en los mataderos.
[Jedediah Purdy, profesor de derecho en Duke, es el autor, más recientemente, de ‘The Meaning of Property: Freedom, Community, and the Legal Imagination’.]
15 de abril de 2013
9 de abril de 2013
©new york times
cc traducción c. lísperguer