miss bo

Posted on junio 15, 2012 por

0


[Su uso está creciendo. Ayudan a orientar a los ciegos, realizan tareas para los discapacitados físicos y pueden incluso ayudar a personas con epilepsia y autismo].

[Karen Ravn] Glen Gregos era un despreocupado niño de quince al que le gustaba andar en motocicleta. Pero un día se convirtió en una víctima feliz de haber sobrevivido un terrible accidente, que lo dejó paralizado desde el pecho hacia abajo.
Ahora de 54 y residente de Woodland Hills, Gregos ha construido una vida satisfactoria: universidad, matrimonio, una exitosa carrera en la banca, una hija que acaba de sacar su licenciatura en la universidad.
Sin embargo, durante décadas después del accidente, Gregos debió hacer frente todos los días a las cosas simples que la mayoría de nosotros da por sentado: ir a la tienda de abarrotes, salir por la puerta principal. Y entonces, hace seis años, su vida cambió dramáticamente. Conoció a Beulah –o Miss Bo-, un labrador negro que desde entonces ha estado a su lado para abrir puertas, llevar bolsas, jalar su silla de ruedas, recoger cualquier cosa que se le caiga y animarlo si cae en momentos de depresión.
“Es difícil poner en palabras todo lo que el perro hace por ti”, dice. “Es físico. Es emocional. Lo abarca todo. Probablemente tendrías que vivirlo para entender”.
Miss Bo no es considerada como mascota. Es un perro de servicio, un concepto introducido primero con los perros lazarillos, quizás tan remotamente como en el siglo dieciséis, aunque no fue sino en 1929 que se abrió en Estados Unidos la primera escuela de entrenamiento de perros lazarillo. Hacia los años setenta, la gente había empezado a adiestrar perros para ayudar en otras discapacidades, y la tendencia ha continuado.
Ahora el concepto perros de servicio incluye perros que pueden abrir armarios y cajones, avisar que está sonando el teléfono, ayudar durante un ataque de desorientación, ayudar a alguien a recuperar el equilibrio o a levantarse después de una caída, para no mencionar a los perros que pueden olfatear alérgenos en el aire o niveles bajos de azúcar en la sangre en el aliento de alguien.
“Aquí en Estados Unidos tenemos una cultura altamente individualista –creativa, experimental”, dice Lynette Hart, directora del Centro para Animales en Sociedad de la Universidad de California en Davis. “Hay como un caldero lleno de cosas nuevas que pueden hacer los perros por nosotros. Y a los perros les encanta trabajar. Para ellos, ayudar a los humanos es un asunto muy natural “.
Esto ha sido de gran ayuda para los muchos que, como Gregos, vieron cambiar sus vidas después de conocer a perros extraordinarios. Pero los peligros potenciales abundan. “Casi no existe ninguna regulación”, dice Hart. “Y todos hacen lo que quieren”.
A veces la gente prefiere llamar perros a sus perros de servicio, pese a que saben que no lo son realmente. Y a veces la gente quiere creer que los perros pueden hacer cosas pese a que no existen pruebas de que de verdad puedan.
Muchos perros poseen el impulso natural a ofrecer consuelo, compañía y apoyo emocional a su gente, la que a menudo se considera eso un gran servicio. Pero esto no convierte a esos perros en perros de servicio. Tampoco lo hace la capacidad de conjurar una agresión viéndose o sonando terrorífico. De acuerdo a la Ley de Estadounidenses con Discapacidades de 1990 y nuevas normativas implementadas en marzo, un perro de servicio debe estar adiestrado para realizar un servicio por una persona con una discapacidad que está directamente relacionada con la discapacidad de la persona –encender y apagar la luz por alguien que no se puede mover, por ejemplo, o avisar a alguien que es sordo que está sonando la alarma de humo.
Muchas organizaciones adiestran a uno o más tipos de perros de servicio y en general sus programas siguen un esquema establecido por las primeras organizaciones de entrenamiento de perros lazarillo: una cuidadosa reproducción seguida por la crianza de los cachorros por voluntarios que empiezan a instruirles en los elementos básicos de obediencia y socialización y finalmente un intenso adiestramiento a cargo de profesionales. (Los potenciales destinatarios humanos también son meticulosamente investigados, entrenados y emparejados con perros).
Guide Dogs for the Blind, la primera escuela de entrenamiento de perro lazarillo en la Costa Oeste, trabaja exclusivamente con labradores y perdigueros y cruzas de estos. Las organizaciones de adiestramiento de otros tipos de perros de servicio a menudo hacen lo mismo. “Tienen temperamentos maravillosos”, dice Katie Malatino, coordinadora de relaciones públicas de una de esas organizaciones, Canine Companions for Independence, con sede en Santa Rosa. “Tienen el tamaño adecuado para las tareas que tienen que realizar, y poseen el instinto de recuperar, lo que es muy útil para recoger cosas del suelo”.
Canine Companions for Independence entregó Miss Bob a Gregos en noviembre de 2005. En estos días está siempre disponible en caso de que Gregos la necesite, lo que no quiere decir que no se divierta nunca”. “Tiene juguetes”, dice. “Jugamos a la pelota. Pero una vez que se le pone el chaleco” –el chaleco que la identifica como perro de servicio- “sabe que es hora de ir a trabajar”. (Y la gente que ve el chaleco debería saberlo y respetar eso).
Como cualquier buen perro de servicio, cuando está trabajando Miss Bo no se distrae con sonidos ruidosos o inesperados (“a prueba de bombas”, la define Malatino) ni con otros animales o personas –a menos que Gregos le de permiso especialmente –lo que ocurre a menudo.
“Le digo que se siente y dejo que la gente la acaricie”, dice. “Quiero crear más conciencia sobre estos perros especiales. Yo mismo no sabía que existían. Pensaba: ‘¿Qué puede hacer un perro por un tipo en una silla de ruedas?’”
La Ley de Estadounidenses con Discapacidades dice que los perros de servicio deben poder entrar a todos los lugares a los que entran los humanos con ellos: tiendas de abarrotes, restaurantes, bibliotecas, parques de diversiones, barcos, autobuses, trenes, aviones y hoteles en los que no se admiten mascotas. Las nuevas normativas promulgadas esta primavera hacen dos excepciones (que seguramente no se aplicarían nunca a Miss Bo): los perros de servicios pueden ser expulsados si se descontrolan o si hacen ciertas cosas dentro que deberían ser hechas fuera.
No todo el mundo conoce las reglas. Una vez Gregos pasó varias horas tratando de convencer a los empleados de un hotel en el que no se admitían mascotas de que estaban obligados a dejar entrar a Miss Bo. “Un lado de mí pensaba: ‘Ya no quiero estar aquí’”, dice. “Pero el otro lado pensaba: ‘Tienen que enterarse’”.
Incluso más allá del problema de la experiencia, el uso de perros de servicio también ha provocado polémica. Un problema son los estafadores.
“Un montón de gente trata de esquivar el sistema”, dice Gregos. “Ocurre todo el tiempo”. Algunos insistirán en que sus perros son perros de servicio que ayudarán con discapacidades que en realidad no tienen –y pueden hacerlo sin temer nada porque la ley no exige que se presenten pruebas de su propia discapacidad o de la capacidad del perro en relación con la discapacidad. (Los chalecos de perros de servicio se pueden adquirir libremente en internet). Los propietarios pueden negarse a admitir a perros que despierten sus sospechas, y eso está bien cuando tienen razón. Si se equivocan, podrían tener que pagar una multa.
Otro problema es que no hay normas del rubro para entrenadores o perros, lo que obliga a las personas discapacitadas a tomar decisiones por su cuenta para determinar si y cuánto deberían confiar en las afirmaciones de la organización. “Guide Dogs for the Blind –ellos sí son responsables”, dice la doctora Melissa Bain, jefe de Servicio de Conducta en el Hospital de Enseñanza Médico-Veterinaria de la Universidad de California en Davis. “Si allá se licencian los perros, entonces está bien, confío en ellos”. Pero no todas las organizaciones tienen la misma larga historia de éxito.
Por supuesto, algunas afirmaciones son más fáciles de validar que otras. Es fácil ver si un perro puede jalar una silla de ruedas o abrir la puerta de la nevera. ¿Pero puede predecir un ataque de epilepsia? “El problema”, agrega Bain, “es si la gente depende solamente del perro y de nadie más, eso podría ser peligroso”.
A veces la pregunta no es si un perro particular puede realizar una tarea sino si algunas tareas pueden del todo ser realizadas por perros. Veamos el caso de la detección de ataques de epilepsia. “¿Es eso correcto?”, pregunta Bain. “Quizás”.
En 1999, un especialista en epilepsia y un etólogo y entrenador animal británicos informaron que dando a los perros una recompensa cada vez que sus dueños sufrían un ataque habían sido capaces de adiestrar a algunos perros para detectar y avisar de ataques inminentes con quince a 45 minutos de antelación. Su artículo en la revista Seizure inspiró una creciente demanda de esos perros.
Hoy, la Fundación Epilepsia dice en su página web, “aunque algunas personas han quedado muy complacidas con sus nuevos amigos caninos, otras se han decepcionado”. La fundación “recomienda que la gente sea más cuidadosa a la hora de controlar las afirmaciones y resultados de los entrenadores, especialmente cuando hay en juego varios miles de dólares”.
Surgieron más interrogantes en 2007 cuando se descubrió que cuatro de los siete perros entrenados para detectar ataques de epilepsia, en un estudio en la revista Neurology, en realidad estaban avisando de ataques psicológicos, no de ataques de epilepsia. Los ataques psicológicos, causados por estrés mental, pueden a menudo ser eliminados mediante alguna terapia –sin medicamentos-, haciendo que los avisos sean irrelevantes. Y en un caso en ese estudio, los “comportamientos de aviso” provocaban los ataques.
Los perros de servicio para niños con autismo han inspirado un debate propio, y algunos distritos escolares reluctantes a admitir perros en sus escuelas porque, dicen, los perros causan demasiados problemas –algunos niños podrían tenerles miedo o ser alérgicos a ellos; niños y perros pueden requerir supervisión especial.
Pero, de hecho, la utilidad de los perros de servicio para niños con autismo es menos polémica que el caso con los ataques de epilepsia. “Una de las cosas más importantes que hacen nuestros perros es proporcionar seguridad”, dice Kati Rule-Witco, directora ejecutiva y especialista en colocación de Autism Service Dogs of America, una organización de entrenamiento fundada en 2002 en Lake Oswego, Oregon. “A menudo los niños con autismo pueden escapar. Nada más que salir de compras es todo un problema para los padres. Nuestros perros permiten que las familias puedan salir sabiendo que todo está en orden”.
Un estudio de 2008 en la revista Qualitative Health Research analizó qué pasaba cuando los perros de servicio eran llevados a diez familias con niños con autismo y descubrieron que, en realidad, mejoraban la seguridad y facilitaban que las familias pudieran salir de casa. Cuando el niño y el perro salen a pasear juntos en la comunidad, el perro está amarrado al niño, pero también está conectado con el cuidador adulto, ya que es este el que lleva la correa. Los perros de servicio para niños con autismo también están entrenados para mantenerse tranquilos sin importar lo que hagan sus protegidos (abrazos, apretones, ponerse encima del perro) y para tomar medidas positivas para contrarrestar conductas negativas (codazos o contener al niño, quizá incluso impedir que el niño se haga daño a sí mismo).
Todo esto cuesta dinero, y mucho. Esto se aplica a cualquier perro de servicio. Algunas organizaciones -como Guide Dogs for the Blind y Canine Companions- pueden operar solo con donaciones. Pero no todas. Autism Service Dogs of America dice que el coste promedio para reproducir, criar, entrenar y colocar a uno de sus perros es 20 mil dólares, de los cuales las familias deben pagar 13 mil 500 antes de que sean agregadas a la lista de espera del siguiente perro disponible.
La página web de Autism Service Dogs of America tiene testimonios de diez familias satisfechas que usan palabras como “impresionante” y “milagro” para describir a sus perros y el trabajo que hacen. Creen firmemente que su dinero fue bien gastado. Pero no todo el mundo está convencido.
Bain observa que de momento la investigación no ha comparado los perros de servicio con perros de familia corrientes y sugiere que los últimos podrían resultar igual de bien. “Quizá un niño se siente mejor junto a un perro”, dice. “No hay modo de saber si el entrenamiento especial sirve para algo”.
Gregos no tiene esas dudas sobre lo mucho que ha significado para él el entrenamiento especial de Miss Bo. Pero esta cumplirá ocho años en agosto y se acerca el momento en que tendrá que jubilarse y él tendrá que buscarse un nuevo perro de servicio. Entonces Miss Bo pasará de perro de servicio a mascota y pasará el resto de sus días con el hombre que dice que tenerla a su lado ha sido “magia desde el primer día”.
14 de junio de 2012
18 de julio de 2011
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer